A continuación, tenemos la partida de Raúl García Castro que ha jugado a MONSTROSITY.
Sola. Atrapada en las oscuras entrañas de un carguero interestelar,
Seena libra una batalla desesperada por su vida.
Por último, recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.
Protocolo Alba Dorada
No hay nada como disfrutar de los últimos días de verano tomando un cóctel en la playa. Aunque el último sorbo me ha sabido un poco amargo y la tumbona está fría. De repente… ¿muy fría? Piso la arena, también fría. Y… ¿lisa? Ya no hay sol. La oscuridad me rodea, rota solo por flashes de neón.
Mierda, Seena. ¡Recomponte! Piensa…
Joder. Estoy en la criocámara. Sentada en lo que parece… ¿mi vómito? ¿Y por qué no hay nadie? El despertar siempre es asistido. Siempre. A no ser que se haya ejecutado el protocolo “Alba Dorada”.
Estoy jodida.
Al menos mi omniherramienta sigue donde la dejé… ¿cuándo? ¿Cuánto tiempo ha pasado?
No tengo lecturas de los sensores de la nave. La consola más cercana está en la enfermería, y no está muy lejos. Salgo al pasillo y me encuentro con una pared totalmente derruida. ¿Qué coño ha pasado aquí?
Un líquido cae por la pared, atravesando el suelo… pero detrás hay algo. Si pudiera meter la mano… Con este cacho de tubería rota puedo protegerme el brazo. Ya está, ya lo tengo… ¡Ay!
El líquido, al caer en la tubería, me ha salpicado. ¡Maldición, cómo escuece! Bueno… al menos me he hecho con una interfaz robótica y un terminal.
Atravieso el laboratorio de robótica. Todo está destruido, tirado por el suelo, lleno de marcas de… ¿garras? ¿Qué es ese olor?
Algo se mueve detrás de mí, haciendo ruido mientras arrasa con todo a su paso. Salto instintivamente y me oculto tras una mesa de metal volcada.
¡Rápido, haz algo! Ahí hay un dron que parece intacto. A ver si con la interfaz robótica puedo hacerlo moverse… El dron se enciende y, nada más avanzar, algo lo arrolla, arrastrándolo a la oscuridad. Intento sobrecargarlo; como poco se calentará, y si esa cosa llegara a atravesar el recubrimiento de la batería…
Pero no. El dron aguanta unos segundos más operativo y entonces el laboratorio se sume en un silencio total. Soy incapaz de moverme, aunque al rato vuelvo a oír movimiento abandonando la sala. Y, de nuevo, silencio.
Cuando siento un poco de seguridad, rebusco por el laboratorio a ver si encuentro algo útil para seguir avanzando. Entro al puente y me lo encuentro aún más destrozado. Hay una fisura en el casco; menos mal que los sistemas de habitabilidad la mantienen a raya. Pero todo está arrasado, no hay nada que se pueda…
¡Joder! Algo se mueve al fondo.
No sé si me ha oído… Se ha parado. Me ha debido oír, o detectar, o lo que sea que haga esa cosa. Por ahora no se mueve. Conecto el terminal a un puerto de entrada. Si logro desactivar los sistemas de habitabilidad, quizá gane tiempo para volver por donde he venido, porque no veo otra salida por el puente.
Introduzco las órdenes en mi omniherramienta. Parece que funciona. La descompresión atrae todo lo que no está fijado al suelo. Por suerte estaba cerca de la puerta y he logrado volver al laboratorio y cerrar la escotilla.
Bueno… puedo seguir buscando a ver si encuentro algo útil.
¡No! La escotilla del puente estalla en pedazos y puedo ver la silueta de la criatura. Es algo bulboso, con zarcillos afilados que salen de su cuerpo y cortan todo a su alrededor como si fuera mantequilla.
Tengo el tiempo justo para mandar una orden masiva a todos los drones del laboratorio: que vayan a reparar la avería del puente. Unos vuelan, otros se arrastran. Parece que tengo suerte: la criatura retrocede unos metros. Lo justo para salir pitando.
Vuelvo al pasillo justo antes de que la escotilla se cierre por el sistema antidescompresión. Veo a la criatura acercarse desde el laboratorio, girando sobre sí misma y destruyendo todo a su paso.
Me sujeto y programo en la omniherramienta la apertura de la puerta del laboratorio. El aire que abandona el pasillo empuja brevemente a la criatura, pero no la detiene.
¡El ácido! Si logro guiar el ácido por la escotilla hacia el laboratorio, quizá gane unos segundos. Sujeto la tubería rota y la dirijo hacia la escotilla.
La criatura se retuerce, se encoge… ¿o se expande? Da igual: retrocede hacia el puente, la escotilla se cierra de nuevo y yo sigo avanzando por la otra salida del pasillo.
Entro al área de cuarentena. También está destrozada, con las zonas de contención abiertas y androides de soporte flotando en gravedad cero. Me impulso por la sala agarrándome a lo que puedo… cuando aparece debajo de mí la criatura. ¿O es otra distinta?
Me acerco a uno de los androides y hago que libere toda su espuma antiparasitaria sobre la criatura. Retrocede, igual que yo, que salgo disparada sin control por toda la sala, golpeándome contra todo y acabando aplastada por el androide.
Me lo quito de encima como puedo y me impulso hacia una cabina de aislamiento. Me encierro y la criatura se acerca: burbujeante, cambiante, ¡asquerosa! Y cuando parece que va a destrozar la puerta, retrocede y se aleja, perdiéndose en la oscuridad.
¿No me veía? ¿Por qué me ha dejado?
Salgo de la cabina y entro en la enfermería. Con la omniherramienta bloqueo la puerta permanentemente. Al menos aquí vuelve a haber gravedad.
Algo me agarra la pierna. Me giro y veo un androide sanitario partido por la mitad, pero con suficiente fuerza como para apretarme cada vez más. Con la omniherramienta le mando la orden de apagado… pero no antes de que me suelte, claro. Me encuentro un bote de tranquilizantes y me lo tomo entero. A ver si me relajo y puedo restaurar los sensores.
No, no me relajo. No sé qué pasa; si es por mi culpa, porque los sistemas están fritos o porque hay una, o muchas, criaturas asquerosas y burbujeantes a bordo. El caso es que no consigo recuperar los sensores. Sigo a ciegas. No sé adónde ir. No tengo nada. Solo la omniherramienta. Y no voy a hacer gran cosa con ella contra la criatura.
Ni ganas de llorar me quedan… Vale, estoy llorando. ¿Y qué?
Serlon sabría qué hacer. ¿Por qué no me he encontrado a nadie? ¿Ni un cadáver? Puedo acercarme a la oficina de personal; así sabré quién estaba despierto cuando empezó esto y dónde estaban… o están.
Dejo la enfermería y avanzo por un pasillo. Uno de los caminos está bloqueado, así que no tengo mucha opción. Mientras voy hacia la escotilla de enfrente, veo aparecer a la criatura. ¿Cómo puede estar en tantos sitios tan rápido? Un ruido detrás de mí me da la respuesta: no hay una. Hay más de una. Empíricamente: al menos dos.
Mierda.
Parecen muy pegadas al suelo. Voy a esperar a que se acerquen e intentaré saltar sobre la que tengo enfrente… ¡Ahora!
Sus zarcillos afilados me golpean la pierna y caigo al suelo, llena de dolor. ¡Parece que me han atravesado hasta el hueso! Me pongo en pie cojeando, arranco un terminal de la pared y saco los cables chisporroteantes. Las criaturas se asustan y salen corriendo hacia la enfermería. Si temen la electricidad, no son invencibles. Pero yo tampoco puedo quedarme aquí, así que sigo avanzando.
Entro en otro pasillo con salidas por todas partes. Una de las criaturas está quieta, pegada a la pared. Burbujea, pero sus zarcillos se mueven menos.
Abro y cierro una escotilla con la omniherramienta, solo para ver cómo reacciona. La criatura se dirige hacia allí, dejándome el camino libre. Entonces… ¿por qué no me muevo? Estoy en algún punto del espacio, sola, sangrando.
¿Por qué seguir?
Solo pensar que la criatura puede volver me pone en marcha.
Llego al hangar de cápsulas de escape. No hay salida por aquí. Una cápsula ha estallado, dañando el casco; otra tiene alertas en el panel. Aunque no haya salida, no puedo permitirme un estallido detrás de mí. Por suerte la solución es sencilla y reconecto el módulo de energía a tiempo… creo que me ha llevado demasiado rato.
Vuelvo al pasillo y veo marcas en las paredes. Marcas que antes no estaban. Por suerte, no hay rastro de criaturas.
Me meto en el camarote del capitán. Sobre la cama destrozada hay una de las criaturas. El capitán guardaba de todo en su escritorio: con la omniherramienta intento superar los bloqueos de seguridad. ¡Funcionó! Pero el sonido del cajón al abrirse hace reaccionar a la criatura. Dentro solo hay una botella de bourbon y papeles. Lanzo la botella con una puntería nefasta: se rompe contra la pared y la criatura se abalanza sobre el líquido goteante. Parece absorberlo y empieza a moverse convulsamente, alejándose por los pasillos.
Entro en la sala de motores, con evidentes signos de destrozo, aunque el núcleo parece intacto. Tras de mí entra una criatura, siguiéndome desde el camarote. Si lograra activar ese dron de mantenimiento… ¡lo logré!
¿Y ahora qué? Espero a que la criatura atraviese la sala y hago que el dron vuelva al camarote. Lo llevo hacia una pared, golpeando rítmicamente para atraerla. Justo cuando entra en el camarote, dejo de mover el dron. Si logro mantenerlo intacto, me será útil.
Por fin llego a la oficina de personal y encuentro otras dos criaturas dentro. La oficina, sin embargo, está intacta. Intento acceder al sistema de sonido y al rato lo consigo. Pruebo varias frecuencias a ver si tienen algún efecto. No noto nada evidente, pero puedo acercarme al terminal sin ser detectada. Probemos con la temperatura… accedo a los controles de climatización y subo la temperatura al máximo que puedo soportar. Al rato las criaturas se marchan. No sé ellas, pero yo estoy deshidratada y débil. Bajo la temperatura y me conecto al terminal. Logro hacer un volcado de las últimas asignaciones.
Los registros indican que gran parte del personal activo, incluido el capitán, fue enviado a los sistemas de soporte vital. Después, nada. Así que ya tengo un destino claro y, si puedo asegurarme de que funcionen, mejor.
Entro a la sala de operaciones, destrozada por las criaturas. Doy dos pasos y, sin verla venir, una me ataca por la espalda. Sus zarcillos me cortan y me abrasan. El instinto me hace rodar y me salvo por poco. La veo volver rodando hacia mí. De un salto pongo una camilla entre nosotras, evitando una muerte segura. Choca con la camilla y tengo el tiempo justo de coger un equipo de reanimación. No pienso acercarme, pero se lo lanzo cuando está en el aire. La descarga le da de lleno y la criatura sale rodando, dándome un respiro.
Corro hasta la cámara criogénica, en llamas. Las llamas y el humo no me dejan ver, pero sé que están ahí. Activo los brazos robóticos de manejo de cápsulas y avanzo esquivando el fuego y las criaturas. Parece que solo queda una; creo una barrera de fuego entre nosotras y funciona.
Llego a la oficina de seguridad, otra sala en gravedad cero, con criaturas flotando. Avanzo como puedo; gracias a mi entrenamiento y mis instintos solo me llevo unos rasguños, aunque acabo girando sin control hacia el fondo, junto a una pasarela de mantenimiento. Saco la omniherramienta para desbloquearla y lo logro en el último segundo. Las criaturas no son muy ágiles en gravedad cero y, cuando llegan, parecen olvidar por qué estaban ahí. Al rato, incluso se marchan. Salgo de mi escondite.
Entro a un pasillo y en la oscuridad piso a una criatura más pequeña que las demás, que me destroza el pie. No, no es literal, solo me duele a más no poder. En mi condición, permitidme la licencia.
Me alejo cojeando; la criatura rueda lentamente hacia mí. Miro alrededor: si pudiera llegar al mostrador al final del pasillo, quizá encuentre algo. Avanzo tan rápido como puedo, me encaramo al mostrador, rebusco en los cajones… nada. La poca luz me deja ver bultos en mis piernas de los que salen pequeños zarcillos. Horrorizada me giro para descubrir otros en mi espalda, mientras más criaturas llegan por el pasillo. Dos se colocan a los lados de la más pequeña, en un gesto protector.
Ya sabía yo que tarde o temprano Darian y Melma darían el paso. ¿Quién será quién? Ese de ahí es muy grande, puede que sea Serlon. O Leria, o Soron…
Todos se apartan para dejar pasar al último que llega. El capitán, siempre con su aroma a bourbon, se queda parado frente a mí.
Esperando…
