A continuación, tenemos la partida de Ludacato que ha jugado a The Last Tea Shop.
He montado una tienda de té en la frontera entre la vida y la muerte, ofrezco mis servicios a aquellos que acaban de perecer para tomar una última cálida bebida, antes de su largo viaje hacia el Otro Lado.
Mi tienda se ubica en una isla de helechos rodeada por un pantano. En la tienda, los estantes están llenos de pequeños frascos con notas de recuerdos y la bruma se cuela por las rendijas, haciendo que las voces se vuelvan suaves y las imágenes se deslicen en el vapor del té.
Mi primer visitante es en un mensajero con una mancha en su conciencia que intentaré suavizar con el té y la conversación que le ofrezco.
Por último, recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.
RESUMEN BREVE DEL JUEGO
Llevas una tienda de té en la frontera entre la vida y la muerte. Aquellos que acaban de perecer te visitan para tomar una última cálida bebida, antes de su largo viaje hacia el Otro Lado.
MONTANDO LA TIENDA
Ubicación: 4. Una isla de helechos rodeada por un pantano
Afinidades: recuerdos y bruma.
En la tienda, los estantes están llenos de pequeños frascos con notas de recuerdos y la bruma se cuela por las rendijas, haciendo que las voces se vuelvan suaves y las imágenes se deslicen en el vapor del té.
EL PRIMER DÍA
INGREDIENTES:
(2,5) Hoja de kawakawa
(4,2) Hongo nido
(3,1) Cristal de cuarzo
DÍAS (tirada 1d6): 3. Mensajero/a † – primer visitante
TIEMPO (tirada 1d6): 2 Pesada niebla azul; tono emocional: melancolía.
Preparación y efecto del Té de la Distancia (-1 Hoja de kawakawa -1 Hongo nido)
Hiervo agua hasta que el vapor habla; machaco la hoja de kawakawa entre mis dedos hasta que su aroma amargo me recuerda a hojas húmedas; añado el hongo nido en polvo, que tiñe mi infusión de un color pálido. Mientras cuelo, susurro una pregunta para abrir la memoria.
Primera pregunta: ¿Qué es lo último que recuerdas?
El Mensajero respira hondo, como si necesitara ordenar sobres en su propia memoria.
Recuerda la carta que llevaba en el pecho, la tinta corrida por la lluvia y la sensación de haber fallado en algo que no sabía cómo explicar. Dice que caminaba por un sendero que no reconocía, que la bruma parecía empujarlo hacia la colina aunque él no recordaba haber elegido ese camino. Lo último que vio antes de morir fue una luz pálida entre los árboles, una luz que no iluminaba, sino que parecía observarlo.
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Dónde solías vivir?
El Mensajero cierra los ojos mientras bebe, y el té suaviza los bordes de su memoria.
Me cuenta que vivía en una pequeña casa al pie de la colina de las tres cruces, no en la cima. La describe como un lugar donde las paredes estaban cubiertas de notas, recordatorios y fragmentos de cartas que él mismo había escrito para no olvidar cosas importantes. Dice que las ventanas crujían en invierno y que la bruma entraba por las rendijas como si quisiera leer lo que había en su mesa.
Pero lo más inquietante es lo que añade después:
“Vivía allí… pero no vivía solo. Había alguien más en la casa. No recuerdo su rostro. No sé si era una persona o un recuerdo que se quedó conmigo demasiado tiempo. A veces escuchaba pasos en el pasillo, pasos que imitaban los míos con un retraso mínimo, como si estuvieran aprendiendo a caminar a mi ritmo.”
El té no borra la culpa, pero la convierte en una distancia tolerable. Sus manos dejan de temblar cuando habla de la última entrega fallida, aunque su mirada se pierde en un punto que no está en la tienda.
Despedida: Antes de irse, el mensajero deja un trozo de papel con una dirección parcial (un fragmento de la carta) y una frase murmurada: «La colina de las tres cruces, casa de Marin». Se marcha con pasos más firmes.
SEGUNDO DÍA
INGREDIENTES:
(reserva) Cristal de cuarzo
(5,1) Liquen de los renos
(6,2) Gominola brillante
(2,4) Rocío de nube
DÍAS 3 + 4 = 7 (tirada 1d6): 4. Marinero/a †
TIEMPO (tirada 1d6- 3 Bruma sombría; tono emocional: Asustado.
Preparación y efecto del Té de la Risa Floja (-1 Gominola brillante -1 Rocío de nube)
Caliento agua hasta que la tetera suspire; disuelvo la gominola brillante hasta que la infusión lanza destellos; dejo caer unas gotas de rocío de nube que hacen que la superficie tiemble como una carcajada contenida; mientras cuelo, susurro una pregunta que vaya abriendo camino.
Primera pregunta: ¿Qué viste de inusual antes de morir?
El marinero aprieta la taza con ambas manos.
“Vi… algo que no debería existir. Una luz bajo el agua. Pero no era un faro. Era un ojo.”
La bruma se espesa.
“Un ojo que me miró desde el fondo. Y cuando lo hizo… recordé cosas que no eran mías.”
Se ríe, pero la risa es un espasmo.
“Creo que esa luz… roba recuerdos. O los devora.”
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Cómo conociste a mi último cliente?
El té transforma el miedo en una risa temblorosa que permite hablar.
“Lo vi en el muelle. El mensajero. Pero no estaba solo.”
Se inclina hacia ti.
“Había una sombra detrás de él. No una persona. Una sombra que imitaba sus movimientos…
con un segundo de retraso.”
Bebe otro sorbo.
“Y la luz pálida… lo miraba a él. No al barco. Ni a mí. A él.”
La risa se corta.
“Como si la carta que llevaba… fuera un faro para esa cosa.”
Despedida:
El marinero deja una concha antigua sobre la barra.
“No es un regalo, es un aviso. La luz no sigue a las personas. Sigue lo que recuerdan.”
Sale de la tienda con pasos torpes, y la bruma lo traga como si regresara al mar.
TERCER DÍA
INGREDIENTES:
(reserva) Cristal de cuarzo
(reserva) Liquen de los renos
(Regalo) Concha antigua
(4,6) Salvia seca
(2,1) Hoja de kawakawa
(6,3) Gominola brillante
DÍAS 7 + 5 = 12 (tirada 1d6): 5. Explorador/a †
TIEMPO (tirada 1d6): – 6 Afables rayos de luz; tono emocional: En calma.
Preparación y efecto de la Bebida Evocadora
(-1 Cristal de cuarzo – 1 Concha antigua -1 (extra) Salvia seca)
Caliento el agua hasta que la tetera exhala un suspiro. Sostengo el cristal de cuarzo contra la luz hasta que parece contener una imagen en su centro; lo dejo caer en la infusión y, al primer hervor, deslizo la concha antigua por el borde de la taza para que el sabor tenga un toque de sal y profundice en la memoria. Al colar, espolvoreo una pizca de Salvia seca para asentar la voz del visitante.
Primera pregunta: Háblame sobre tu viaje hasta la tienda de té
El explorador respira hondo, como si el recuerdo aún estuviera asentándose dentro de él. Apoya las manos sobre la barra y deja que el vapor del té le acaricie el rostro antes de hablar.
“Subí la colina siguiendo un mapa que llevaba conmigo desde hacía tiempo, aunque no recuerdo haberlo dibujado ni haberlo recibido de nadie. Es extraño, porque el papel está gastado por los bordes como si hubiera pasado años doblado en mi bolsillo, pero no puedo situar el momento en que llegó a mis manos. Había dos X marcadas en él: una sobre la colina de las tres cruces y otra tachada con una fuerza que casi rompió el papel. Cada vez que intentaba mirar esa X tachada durante el ascenso, sentía un peso en el pecho, como si algo en mí se negara a recordar lo que significaba.”
Hace una pausa, y la bruma se arremolina a su alrededor como si escuchara.
“A veces pienso que el mapa no lo encontré yo, sino que él me encontró a mí. Como si hubiera estado esperándome. Y mientras subía, tuve la sensación de que no estaba solo. No porque hubiera alguien detrás de mí, sino porque el camino parecía recordar mis pasos antes de que los diera.”
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Cómo conociste a mi último cliente?
Al probar la bebida evocadora, el efecto del cristal y la concha hace que sus ojos se tornen brillantes, como si reflejaran una escena lejana.
“Lo vi en los muelles, pero no estaba huyendo del mar… estaba huyendo de la luz.”
Bebe otro sorbo.
“Me dijo que la luz no mata, no directamente. Primero te muestra algo. Algo que no deberías recordar y cuando lo recuerdas… te consume.”
La bruma se estremece.
“Creo que el marinero vio algo que pertenecía a otro. Un recuerdo que no era suyo. Y eso lo mató.”
Despedida:
De estar en calma, el explorador pasa a mostrarse resuelto. Se pone en pie con el pulso firme y deja sobre la barra un fragmento de mapa amarillento con una X marcada sobre la colina de las tres cruces.
Ten cuidado, advierte antes de cruzar el umbral, el marinero dejó esa concha para proteger la carta del mensajero, pero el mapa dice que el peligro no terminó en el mar. Todo converge en la casa de Marin. Se marcha hacia el Otro Lado, desapareciendo en silencio entre los helechos del pantano.
CUARTO DÍA
INGREDIENTES:
(reserva) Cristal de cuarzo
(reserva Liquen de los renos
(reserva) Hoja de kawakawa
(reserva) Gominola brillante
(1,1) Sal marina
(3,6) Salvia seca
(5,4) Musgo de hoja
DÍAS 12 + 2 = 14 (tirada 1d6): 2. Visitante: Caballerizo/a †
TIEMPO (tirada 1d6): 4 Niebla blanca arremolinada; tono emocional: Confundido
Preparación y efecto del Té del Abrazo (-1 Salvia seca –1 Sal marina –1 Musgo de hoja)
La niebla blanca entra por la puerta antes que el visitante, arremolinándose como si buscara asiento. Preparo el té con movimientos lentos, casi ceremoniales disuelvo la sal marina en el agua caliente, dejo caer la salvia seca que libera un aroma terroso, y añado el musgo de hoja que espesa el vapor y lo vuelve más cálido.
Primera pregunta: ¿Qué es lo último que recuerdas?
El caballerizo parpadea varias veces, como si la niebla le hubiera robado los bordes de la memoria. Recuerdo… ruido. Un golpe seco. El caballo relinchando como si hubiera visto un fantasma. Y yo… yo intentando calmarlo, pero mis manos no encontraban las riendas.
Todo estaba… torcido. Como si el establo se hubiera llenado de humo blanco.
Se lleva una mano a la sien, confundido. No sé si caí… o si alguien me empujó. Solo sé que la bruma entró antes que la noche.
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Cómo conociste a mi último cliente?
El té del Abrazo hace su trabajo y la niebla blanca se vuelve más suave, como si quisiera ayudarlo a encontrar las palabras. El caballerizo me cuenta que vio al explorador la noche antes de su muerte, subiendo la colina con un mapa en la mano y una determinación que no parecía humana. Dice que el explorador no subía solo: había una figura detrás de él, demasiado quieta para ser un acompañante y demasiado precisa para ser una sombra. El caballerizo pensó que era un truco de la luz, pero cuando el explorador se detuvo, la figura también se detuvo, y cuando el explorador avanzó, la figura avanzó con un retraso mínimo, como si estuviera aprendiendo a imitarlo.
El caballerizo baja la voz.
“Lo más extraño fue que el explorador no parecía asustado. Era como si ya supiera que esa figura lo seguía, y aun así continuó subiendo la colina. Cuando pasó junto a mí, me dijo que no mirara directamente a la sombra, porque si lo hacía, podría recordar algo que no me pertenecía. Y que recordar lo ajeno es lo que atrae a la luz.”
Bebe otro sorbo y su respiración se vuelve más estable.
“Creo que el explorador no buscaba un lugar. Buscaba una memoria que alguien había intentado borrar.”
Despedida:
El caballerizo se pone en pie, más firme, aunque aún con la mirada perdida en algún punto entre la vida y la muerte.
Antes de marcharse, deja sobre la barra un objeto pequeño y frío. Una herradura marcada con el símbolo de la posada de la colina.
La niebla lo envuelve cuando cruza el umbral, y su figura se disuelve como si nunca hubiera estado allí.
QUINTO DÍA
INGREDIENTES:
(reserva) Cristal de cuarzo
(reserva) Hoja de kawakawa
(reserva) Gominola brillante
(2,6) Rocío de nube
(4,2) Hongo nido
(3,4) Hoja de ginkgo
DÍAS 14 + 1 = 15 (tirada 1d6): 1. Visitante: Apostador/a ¢
TIEMPO (tirada 1d6): 1 Niebla morada magullada; tono emocional: Doloroso
Preparación y efecto del Té de la Distancia v(-1 Hoja de ginkgo –1 Rocío de nube)
Machaco la hoja de ginkgo hasta que libera un aroma amargo que se mezcla con el vapor, y añado el rocío de nube que suaviza la infusión y la vuelve casi luminosa. La bruma responde a mis afinidades y se vuelve más densa alrededor del Apostador, como si quisiera amortiguar el dolor que trae consigo. El té se vuelve un puente entre lo que recuerda y lo que teme recordar.
Primera pregunta: ¿Qué echas de menos?
El Apostador se queda mirando el vapor como si viera cartas flotando en él.
—Echo de menos… la posibilidad —responde—. Ese instante antes de lanzar los dados, cuando todo podía cambiar. Cuando aún no había perdido… ni ganado… ni arruinado nada.
Aprieta los puños.
—Echo de menos la voz de mi hermana diciéndome que volviera a casa. Echo de menos creer que podía hacerlo.
La niebla morada se arremolina a su alrededor, como si quisiera ocultar la vergüenza que le tiembla en la garganta.
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Cómo conociste a mi último cliente?
Mi té hace su trabajo: el dolor se vuelve soportable, como una herida que ya no sangra. El Apostador bebe, respira y entonces habla:
El Apostador baja la voz, como si temiera que la bruma pudiera escucharlo.
“El caballerizo me dijo que había visto algo en el establo, algo que no tenía forma pero que sabía su nombre. Me contó que cuando intentó huir, la niebla lo siguió como si supiera exactamente qué recuerdo quería arrancarle. Y cuando llegó a la posada, esa figura imitadora se quedó en la puerta, esperando. No entró, pero tampoco se fue.”
Bebe otro sorbo y su respiración se vuelve más estable.
“El caballerizo me advirtió que la luz pálida no busca cuerpos, sino recuerdos que no encajan. Y que, si una sombra empieza a imitarte, significa que la luz está intentando aprender quién eres para poder devorarte desde dentro.”
Despedida:
El Apostador se levanta con un temblor en las manos, pero con la mirada un poco más clara. Antes de marcharse, deja sobre la barra un objeto pequeño: una ficha de juego partida por la mitad, con un símbolo que no reconoces grabado en el borde.
“Esta ficha no era mía”, dice. “El caballerizo la llevaba en el bolsillo. Dijo que pertenecía a alguien que lo acompañó en la colina, alguien que no debería existir. Si encuentras la otra mitad… quizá descubras quién era.”
La niebla morada lo envuelve cuando cruza el umbral, y su figura se disuelve entre los helechos como si regresara a un recuerdo que no quiere ser recordado.
SEXTO DÍA
INGREDIENTES:
(reserva) Cristal de cuarzo
(reserva) Hoja de kawakawa
(reserva) Gominola brillante
(reserva) Hongo nido
(3,2) Hongo nido
(1,5) Hoja de kawakawa
(6,4) Salvia seca
DÍAS 15 + 3 = 18 (tirada 1d6): 3. Mensajero/a †
TIEMPO (tirada 1d6): 2 Pesada niebla azul; tono emocional: Melancolía
Preparación y efecto del Té de la Distancia (-2 Hoja de kawakawa –2 Hongo nido)
Machaco la hoja de kawakawa hasta que su aroma amargo llena la tienda, y mezclo el hongo nido en polvo que tiñe la infusión de un tono pálido, casi espectral. La bruma responde a mis afinidades y se vuelve más densa alrededor del Mensajero, como si quisiera protegerlo de aquello que lo persigue incluso después de muerto. El té se convierte en un espacio donde los recuerdos pueden mirarse sin desgarrar.
Primera pregunta: Dejaste algo inacabado. ¿Qué quedó a medias?
El Mensajero baja la mirada hacia la taza, y el vapor parece reflejar un fragmento de su pasado. Me cuenta que lo que dejó inacabado no fue la entrega de la carta, como todos creían, sino algo mucho más profundo: la búsqueda de la persona a la que realmente iba dirigida.
Dice que la carta no tenía destinatario porque él mismo lo había borrado. No por error, sino por miedo. Había descubierto que la carta contenía un recuerdo que no debía existir, un recuerdo que no pertenecía a nadie vivo. Y cuando intentó averiguar quién era su dueño, la luz pálida empezó a seguirlo, como si quisiera recuperar algo que él había robado sin saberlo.
“Lo que quedó a medias,” dice con voz temblorosa, “fue la verdad. La carta no era un mensaje. Era un fragmento de una memoria arrancada. Y yo debía devolverla… pero no sabía a quién.”
La niebla azul se espesa, como si quisiera ocultar la tristeza que le tiembla en la voz.
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Cómo conociste a mi último cliente?
El té suaviza la melancolía y permite que las palabras fluyan con una claridad que duele. El Mensajero me cuenta que conoció al Apostador en la posada, en una sala donde las mesas estaban cubiertas de fichas que parecían moverse solas cuando nadie las miraba. Dice que el Apostador estaba jugando una partida que no podía ganar, no porque fuera un mal jugador, sino porque la sombra que se sentaba frente a él no jugaba con las mismas reglas.
Esa sombra imitaba sus gestos, pero no sus decisiones, como si estuviera aprendiendo a pensar como él. El Mensajero recuerda que el Apostador le confesó que había visto algo en la colina, algo que no debía recordar, y que desde entonces la luz pálida lo seguía como si quisiera rehacerlo desde dentro.
“El Apostador me dijo que la luz no solo devora recuerdos,” continúa el Mensajero, “sino que también los reemplaza. Que cuando te mira, te muestra un recuerdo que no es tuyo, uno que alguien intentó borrar hace mucho tiempo. Y si intentas entenderlo, la luz entra en tu mente y empieza a reescribir quién eres.”
El Mensajero bebe el último sorbo y su voz se vuelve más firme.
“El Apostador me advirtió que la figura que lo imitaba no era una sombra, sino un recuerdo incompleto que buscaba un cuerpo donde encajar. Y que, si esa figura te alcanza, no mueres… te conviertes en parte de una historia que no es la tuya.”
Despedida:
El Mensajero se levanta con una tristeza que parece más antigua que su propia muerte. Antes de marcharse, deja sobre la barra un objeto que llevaba escondido en su chaqueta: un trozo de carta distinto al que te dio el primer día. Este fragmento tiene una frase escrita con tinta corrida:
“La X tachada no debe abrirse.”
Cuando cruza el umbral, la niebla azul lo envuelve y su figura se disuelve como si regresara a un recuerdo que no quiere ser recordado.
DÍA 7 (ULTIMO DÍA)
INGREDIENTES:
(reserva) Cristal de cuarzo
(reserva) Gominola brillante
(reserva) Salvia seca
(4,3) Cristal de cuarzo
(2,2) Rocío de nube
(5,6) Musgo de hoja
DÍAS 18 + 6 = 24 (tirada 1d6): 6. La Persona Velada
TIEMPO (tirada 1d6): 6 Afables rayos de luz; tono emocional: Sereno, pero inquietante
La luz entra en la tienda como si supiera que este es el final. No es la luz pálida que ha perseguido a tus visitantes, sino una luz cálida, casi humana, que se posa sobre los frascos de recuerdos y hace que la bruma se vuelva más lenta, más densa, como si quisiera escuchar.
La puerta se abre sin sonido.
Y entra la Persona Velada.
No tiene rostro visible, solo un velo que cae como una cortina de niebla sobre una figura que parece humana y no humana a la vez. No camina: se desliza, como si recordara el movimiento más que ejecutarlo.
Se sienta frente a ti sin decir una palabra.
Preparación y efecto de la Bebida Evocadora
(-1 Cristal de cuarzo –1 Rocío de nube –1 Musgo de hoja)
El cristal ilumina la infusión desde dentro como si atrapara un amanecer.
El rocío de nube suaviza el sabor y vuelve el vapor más ligero.
El musgo de hoja espesa la bruma y la vuelve casi táctil, como si quisiera sostener las palabras que están a punto de pronunciarse.
La Persona Velada inclina la cabeza, aceptando el ritual.
Primera pregunta: ¿Qué has venido a reclamar?
La voz de la Persona Velada no sale de su boca, sino del aire alrededor.
“He venido a reclamar lo que se fragmentó. Lo que fue arrancado de mí y dispersado entre quienes no podían sostenerlo. La luz pálida que devoró a tus visitantes no era un monstruo, sino un recuerdo mío, incompleto, hambriento, buscando regresar a su origen.”
La bruma se estremece.
“Cada uno de ellos vio una parte de mí. Una sombra que imitaba, una luz que mostraba lo que no debía verse, un eco que buscaba un cuerpo donde encajar. Yo soy aquello que quedó cuando me borraron.”
Segunda pregunta mientras bebe: ¿Por qué tu recuerdo se volvió mortal?
La Persona Velada bebe, y el velo se agita como si respirara.
“Porque un recuerdo sin dueño es un arma. Cuando me arrancaron de mí misma, lo que quedó fue un vacío que intentó llenarse con cualquier mente cercana. El mensajero, el marinero, el explorador, el caballerizo, el apostador… todos ellos tocaron un fragmento de lo que fui, y al intentar comprenderlo, la luz entró en ellos y los deshizo desde dentro.”
La Persona Velada se inclina hacia mí, invadiendo mi espacio personal. Siento el frío de su presencia mientras sentencia:
“No murieron por la luz. Murieron por intentar sostener una historia que no les pertenecía.”
Tercera pregunta: ¿Qué queda de ti que aún no haya regresado?
La Persona Velada levanta una mano y señala tu estante de objetos.
La concha.
La herradura.
La ficha.
El fragmento de mapa.
Los trozos de carta.
Los ingredientes usados.
Los recuerdos que guardaste en frascos.
“Todo lo que reuniste era mío. Fragmentos de una memoria que intentaron borrar. Pero falta uno.”
El velo se vuelve más oscuro.
“El último fragmento está en ti. Lo tomaste sin saberlo cuando escuchaste sus historias. Lo guardaste cuando los ayudaste a recordar. Y ahora debo recuperarlo.”
La tienda entera se queda en silencio.
Despedida:
La figura se levanta.
El velo se expande como si fuera una ola de bruma.
Se acerca a ti y coloca una mano —o algo parecido a una mano— sobre tu pecho.
Sientes un tirón suave, como si te arrancaran un pensamiento que nunca supiste que era ajeno.
Cuando retira la mano, el aire se vuelve más ligero.
La Persona Velada se inclina en un gesto de gratitud.
“Gracias por devolverme a mí misma.”
Y desaparece entre la bruma sin dejar huella.
¿Qué viene ahora?
La respuesta no viene de la puerta, ni del aire, ni de la bruma.
Viene de dentro de ti, como si el fragmento que te arrancaron hubiera dejado un eco.
FIN
