Ronin: Caraquemada


A continuación, tenemos la partida de Iván García Serrano que ha jugado a Ronin.

El viaje de Tadashi un Ronin que debe redimir su deshonor y la tristeza que siente, aquí se descubre su perdida y su historia.

Por último, recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.


Las historias tienen muchos principios, la de Tadashi también. Esta historia comienza en un bar, comiendo, solo, como llevaba desde hace mucho tiempo. Nadie le conocía allí, realmente todo el mundo se había olvidado de él. O eso creía.

Tadashi no pudiste…

La frase regresa. Siempre regresa. Cómo su nombre…Mei…

Te repites eso mientras miras la comida, El cuenco está lleno. La mesa, vacía. El local, silencioso. Nadie le mira demasiado tiempo. Nadie quiere hacerlo. No alzas la vista cuando alguien se acerca. Solo distingues una voz, una presencia. Un hombre demasiado bien vestido para ese lugar.

Al ver tu naginata pensó que sabrías usarla. No escuchas lo que dice, solo que fuera hay un hombre que quiere hablar contigo. Decides salir con ese hombre guapo, aunque no lo entiendes, hace mucho que no sabes por qué haces las cosas, solo busca redención. Sabes que te mueves más por instinto que por alguna motivación. Quizá aquí encuentres algo.

Un hombre mayor y vestido de manera pomposa espera fuera. Te ofrece dinero si matas a un samurái. No dice nombre, pero si lo describe, gordo, grande y pelirrojo, difícil de confundirse. Pertenece al clan Kuroineko, conoces el clan. No siempre se llamaron así, pero los que quedan cambiaron el nombre. Te acuerdas de tu clan, los orgullosos Yukiga, igual de ambiciosos que poderosos. Ellos han destronado señores que dominaban grandes ciudades, casi reinos, ya no son tu gente, ya nadie lo es.

Mientras hablan contigo no pueden evitar esa mirada. Sabes que es normal, tu cara quemada llama la atención, aun puedes oler tu propia carne chamuscándose, ese no fue el peor dolor. No te importa esa mirada, ves bondad en la gente que intenta disimular. La sorpresa cuando primero han visto la mitad de tu rostro normal y re giras, cuando cambian la cara, algunos gritan. Te sientes como un cascaron vacío, lo peor es que llamas más la atención de lo que te gustaría.

Se marchan, asumen que tu silencio es que aceptas esa misión, ni si quiera sabes lo que harás, no sabes por qué has accedido a escucharlos. Buscas un sitio donde dormir, ves un hombre cargando agua y decides ayudarlo y pedir refugio, por alguna extraña razón se apiada de ti. Hoy duermes bajo techo ¿Tanta es la tu pena que la pueden sentir?

Partes antes del amanecer. No te despides, utilizas tu naginata de bastón y emprendes tu camino sin saber a dónde llegarás. Tu figura es más esbelta todavía desde que te tuviste que marchar del clan, andas mucho más de lo que comes. Sientes que eres una sombra de lo que fuiste.

En el camino escuchas hablar de un famoso armero de un pueblo cercano y decides ir a buscarlo. En la villa no es difícil encontrar su armería. Se llama Shidori, una chica delgada y alta, lleva una máscara, no te dice porque, no lo preguntas. Sí que habláis largo y tendido, no le das detalles, pero quiere ayudarte. No solo te va a dar refugio, te va a entrenar. Hace mucho que no lo haces, sientes fervor. Además, ella… no sabes si su olor es parecido o llevas mucho tiempo solo, pero sientes algo más que la apatía y la tristeza, te quedas tanto tiempo aquí que la cama empieza a coger tu forma.

Todos los días luchas, como hace tiempo que no hacías, de una manera nueva. Dejas la naginata al lado de la cama y coges la katana y el wakizashi “Niten ichi-ryu” lo llama Shidori, es un estilo más defensivo que tu habitual forma de luchar. No sabes si lo utilizarás, pero sí que te viene bien sudar, revivir el instinto, hacer fintas. Improvistos Ella es buena, quizá mejor de lo que se muestra en los entrenamientos, sabes que no es su estilo de lucha principal. Sigues con esos recuerdos que te asaltan.

Despiertas de forma abrupta, como tantas veces, otra vez. Hacía tiempo que no te pasaba, llevas cerca de dos semanas en casa de Shidori. Es el mismo sueño, esa silueta que se aleja mientras te quedas inmóvil. Miras tu mano y ahí está el collar. No lo puedes soportar, decides andar, es tu manera de sobrellevarlo. Shidori sabía que esto pasaría, no conoce tu historia, pero sí tu camino. Esta vez sí que aumenta tu equipaje.

Tu vida son los caminos, poco te sorprende, pequeñas bestias, ladrones, samuráis solitarios que no aguantan una mirada. Esa es tu rutina, un cruce de acero es como el desayuno, nadie merece la pena. Al menos los que merecen la pena no buscan pelea en los caminos solitarios. Tras casi un día llegas a una pequeña ciudad. Entras en una pequeña tienda y sin pensarlo te sientas en un pequeño banco. El dueño es un joven llamado Kyo, lejos de molestarse te ofrece agua, no da un respingo al ver tu cicatriz. Es de las pocas personas que no lo hacen. Piensas “¿hay algún Tadashi que fue tan inocente?” Puede que sí, pero en todo caso ya no existe.

Kyo es de esas personas con las que es fácil hablar, cuentas parte de tu historia, ve en ti más de lo que cuentas, te trata como si fueses un hombre con honor. Si alguien camina con verdadero honor una vez siempre tendrá parte de ese honor consigo. Es un iluso, tiene suerte de que no seas un bandido. Algo en ti coge fuerza, piensas que merece la pena luchar, luchar por la gente como Kyo, personas que ven lo bueno en el mundo, gente da fuerza a otros cuando les hace falta.

Kyo te dice el camino para llegar a una pequeña capital cercana. Sabes que ahí existe un buen herrero, Shidori te habló de él. Su nombre es Benjiro y regenta una armería con un gran cartel de un jabalí furioso. Pasas para comparar su trabajo, valoras su experiencia, solo con una gran experiencia se forjan piezas así. Benjiro no para de trabajar, no levanta la mirada cuando te ve. Hoy no pensaba atender a nadie y no serás una excepción. Tu instinto te decía que sería alguien importante en tu historia, pero quizá te equivoques, puede ser otra cosa que hayas perdido… un ronin sin instinto…

Esta vez el camino es más largo, pero evitas a las personas, no quieres llamar la atención. Te diriges a una gran ciudad, la regenta el clan Kuroineko. En el camino has conseguido ganar unas monedas ayudando a una familia con un carruaje y unos problemas con personas que no saben diferenciar entre su oro y el de los demás. Decides parar a gastar algo en la primera posada que encuentras. Mientras bebes una chica se sienta a tu lado, está más borracha que tú y te mira con descaro la cicatriz. No has dedicado ni un minuto a curarte bien eso. Solo aciertas a preguntar ¿Cómo? Que si bien tu cara está marcada para siempre podrías al menos haber cuidado más la piel que la rodea, puedes mejorarla chico callado, estás de suerte, te ayudaré. Entre copas saca su bolsa de hierbas y ungüentos, no solo te da una pequeña parte, te instruye en cómo usarlos, el sake la hace más elocuente. Insistes en pagar más rondas y preguntar su nombre. Hinari responde, nos volveremos a ver caraquemada. No vivimos en un mundo tan grande.

El siguiente día el camino está soleado, demasiado bueno piensas, tu instinto tiene razón. Un samurái te corta el paso, cara de pocos amigos, cejas enormes, katana enfundada y voz profunda. Soy del clan Mushi, orgullosos somos como siempre, grandes seremos como antaño. Huelo basura ronin como tú de lejos. Parece que podrás entretenerte, pero no quieres luchar, hoy no. Desenfundas tu naginata como cuando lo hacías con orgullo, dos vueltas a un lado dos vueltas al otro. Un giro horizontal y le apuntas. Su cara delata que no ha podido seguirte, tu cara hace el resto. Oyes su justificación antes de que las palabras salgan de su boca, no va a luchar, no esperaba tu determinación. Has salvado el día. Sientes que la lucha se acerca, pero no será hoy.

La lucha era al día siguiente, una que no puedes evitar. Primeros ves a un hombre escuálido enfrente de un tigre rugiendo. Bobo. Tendrías que haber salido huyendo. Miras alrededor y entiendes el por qué ese hombre finge valentía frente a la propia muerte. Detrás de él hay una mujer y una niña. Ahora estás tú frente al tigre, tu hoja afilada un metro por delante. Aferras el mango demasiado fuerte, recuerdas que tienes que poder moverte.

El tigre ataca, te sorprende, no lo esperabas, creías poder herirlo antes y que se marchase, pero está acostumbrado a los monos sin pelo con acero. Salvas la vida por pura suerte, no sabes a donde ni como, pero has girado sobre tus pies y estás en guardia otra vez notas dolor, pero ha tenido que ser un rasguño, si no estarías muerto. Solo oyes a ese tigre, solo ves al tigre, cada pelo, ese rugido interno, los caninos escapando de la boca, como ese ser hace una curva perfecta para estar otra vez frente a ti. Gritas, ahora está más cerca de la mujer y la niña, confías en que se olvide de ellas. No soportarás otra envestida y adelantas un pie. Tu acero se pinta de rojo, ya has mojado el pincel hay que completar la obra. Te sientes confiado, bien, te mueves con soltura, has sido capaz de avanzar, haces una, dos, tres heridas más, no te atreves a asestar un golpe mortal por que el fallo sería tu último error y entonces lo miras a los ojos. Unos ojos amarillos, verdes, pardos, negros aguantan tu mirada. Hemos tenido suficiente, podemos marcharnos, no arriesguemos más. Llevas tanto solo que crees que puede oírte pensar, proyectas lo que le quieres decir y relajas tu postura. Lanzas un último ataque anunciándolo, mucho antes de lo debido, se da la vuelta se marcha y antes de adentrarse en la maleza mira una última vez al camino. Tendrá varias heridas que lamer.

El padre se arrodilla ante ti. Se deshace en halagos, la madre iría también, pero la niña te tiene miedo y no se acercará, tu cara no se lleva bien con la infancia. Antes de irte te pregunta tu nombre Tadashi. No lo deberías haber dicho, no debes ganar más fama, y menos por perdonarle la vida a un tigre.

Decides pasar dos días en la costa. Puedes pescar y tienes agua dulce. Te relajas y curas, tendrás otra marca en el muslo, La mujer te proporcionó ropa y comida para varios días, te permites parar. Emprendes tu camino la noche de luna llena. Vas tranquilo llegarás al amanecer, caminas descalzo por la playa, notas la brisa en la cicatriz, es cierto que la piel es menos tirante desde que aplicas las medicinas que te dio Hinari.

Oyes un pájaro que no identificas, te pones alerta. No ha sido un pájaro, entonces lo ves Hola Tadashi, ha pasado mucho tiempo, cada día que sigues caminando es un día de vergüenza para el clan Yukiga. Has hecho un buen trabajo escondiéndote como la cucaracha que eres. Pero mi trabajo es eliminarte, honrar a los Yukiga como merecen. Sé que estás preparado para morir, no lo pospongamos más.

No te queda otra que luchar y lo sabes. Todo lo que ha dicho es verdad, pero no te vas a dejar matar, tu destino no está escrito, y si lo está vas a descubrirlo.

Soy Haruto, Tadashi, te daré en la muerte el honor que te faltó en vida.

Envuelve su abrigo y te lo arroja, te deshaces de tu mochila y desenfundas, ya están hechas las presentaciones no hay más discurso, las hojas se cruzan. Tiene una excelente espada, lo aprecias en ese primer choque, los sellos clásicos de los fundadores Yukiga, la resistencia de un buen acero. Estáis empatados, la luna se refleja en las suaves olas, sigues notando la brisa, sigue siendo agradable. Te imaginas qué tiene que ver Haruto enfrente de ti. Tu media cara deformada por las llamas, la mueca que forma en tu boca, el ojo con el párpado en abanico, todo a la luz blanquecina de la noche.

Avanzas y ganas el primer embiste, pero es rápido, mueve la espada con soltura y contraataca. Te obliga a retroceder, vuestras miradas están fijas mientras camináis en círculos, esperando un movimiento del otro. El ataca alzando su katana por encima de su cabeza, mal movimiento, piensas, tu naginata gana en alcance, desvías la hoja con la punta de acero y giras para darle un golpe con el extremo opuesto en la cara. Su nariz sangra, le has enfadado. Otro samurái habría empezado a ser descuidado por la rabia, pero él ataca con soltura, lanza un corte horizontal y te preparas para bloquear, pero no ves sus pies, lanza una patada que desestabiliza tu rodilla, estás a punto de caer y habría sido tu fin, pero aciertas a rodar y volver a ponerte en guardia. Sabes que ninguno puede permitirse otro error. Él vuelve a abalanzarse con su espada levantada y sabes que no repetirá la misma técnica así que tú también cambias, golpeas la hoja con el extremo romo y tu cuchilla gira para alcanzar su cuello. Está de rodillas frente a ti. Le has vencido, es un hombre de honor, no quieres verlo muerto. La muerte es el dolor, lo sabes bien. Tras unos segundos en los que recuperas tu aliento hablas mientras sujetas tu lanza contra su cuello gracias Haruto, me he sentido vivo. Yo no tengo nada contra ti, seguiré mi camino, sigue tú el tuyo. Tras esto liberas su cuello y lo saludas con respeto. Coges tu mochila y continuas tu camino, piensas en que necesitarás una buena cama para recuperarte de todo esto. Haruto no dice nada, giras tu cabeza y ves una reverencia, él no entendería los motivos que tuviste para marcharte del clan, pero ahora sabe que no eres un ronin cualquiera.

Poco antes de llegar a la ciudad lo ves. Un hombre gordo y grande con el pelo rojo. Él también te ha visto. Caraquemada, he oído hablar de ti. ¿Has venido a por mí? ¿Cumplirás el encargo que te encomendaron? Estoy listo. No quieres luchar, crees que no puedes luchar, estás cansado, pero él no lo sabe así que te pones firme. Le miras a los ojos. Pareces un gran tigre, samurái, es irónico, la verdad, otro te temería por tu tamaño, pero he diezmado peores garras que las tuyas. Sabes que ver un tigre herido no se ve todos los días, la familia habló sobre tu hazaña y en estos pueblos tranquilos todo se magnifica, tu reputación te precede. Ves cambiar su rostro. Te tiene miedo, entonces comienza a hablar. Un vagabundo como tú no me será caro de sobornar, no mereces ni mi sudor ni que manche mi arma, toma lo que queda en mi bolsa y sigue tu camino, que yo seguiré el mío. Arroja una bolsa demasiado pequeña para considerarse un soborno, y se marcha, con el paso más rápido de lo normal para alguien que quiere conservar su presencia. Recoges la bolsa y cuentas las monedas, tienes para pasar un par de noches en cama, es todo lo que necesitas.

Al despertar te sientes pleno y descansado, encuentras algo de sentido a tu camino, quizá sea el momento de sanar heridas, de depurar los sentimientos y permitirte superar el duelo, pero realmente ahora es momento de desayunar así que bajas a por algo de comida.

Allí la ves, Hinari en la barra, te reconoce y comenta tu mejoría de cara delante de todos. Le agradeces la bolsa de ungüentos y la manera de usarlos, te dice que se nota que has seguido sus consejos, te invita a desayunar y te confiesa que además de curar a las personas sabe herirlas, es una guerrera diestra en más de un estilo de combate, te asegura que estará para defenderte la próxima vez que encuentres un enemigo. Sin tomártelo muy enserio asientes y te despides para descansar, tu viaje continua.

A la mañana siguiente sigues tu camino, la tormenta no amedrenta tus pasos, mientras sujetas tu sombrero para que no te lo arrebate el viento oyes una voz. Tadashi, veo que no me recuerdas, pero nuestros destinos están unidos, prepárate para luchar. Reconoces al samurái de las cejas grandes de hace unos días. Algo te dice que hoy no saldrá corriendo. No tenía claro que fueses tu, no reconozco tu cicatriz, ya sabes, te conocía antes de tu nueva cara. Cuando eras feliz cuando Mei estaba a tu lado… ¿Cómo sabe su nombre? Hace cuatro días salió corriendo ¿Por qué vuelve? Me llamo Takahiro, y tenemos una deuda pendiente Tadashi, hoy solo uno de nosotros seguirá su camino. Tajahiro desenfunda sus kusarigama y corre hacia ti. Antes de que puedas prepararte para luchar aparece Hinari y para la envestida de Takahiro, Hinari empuña una katana y un wakizashi. Ha desviado un kusarigama con su cuchillo y se pone en guardia con la espada adelantada, no creías que dijese enserio lo de defenderte, pero parece que es una mujer de palabra. Con una mirada te dice que no intervengas, quiere demostrar que es capaz. Mientras Takahiro intenta entender qué está pasando Hinari actúa y realiza una finta con su katana mientras dirige un golpe con el wakizashi. Takahiro tiene suerte de desviar la hoja con el mango del kusarigama, no puede evitar el gesto de sorpresa, cuando quiere contraatacar se encuentra con la espada en guardia. Ambos se miran y sopesan sus posibilidades. Hinarin vuelve a ser más rápida, no puedes creer que sea la misma borracha de hace unos días y por qué se está jugando la vida por compartir comida y bebida contigo. Takahiro gira sobre sí mismo y pone distancia con su oponente, sabe que tiene que tomarse enserio esta pelea o no sobrevivirá. Fija su mirada y arquea sus grandes cejas, da un giro que hace que sus hojas brillen, entonces ataca por arriba, Hinari no se lo espera, retrocede y trastabilla, entonces aprovecha y vuelve a atacar esta vez por abajo, por un lado, ella no parece seguir el ritmo. Entonces es cuando decides intervenir, agradeces su ayuda, pero no soportarías deber otra vida al mundo. Paras su hoja con el mango de tu naginata. Al mirarlo ves lo que le ha costado vencer, está jadeando, la cara repleta de sudor. El agarre le falla, puedes matarlo con dos movimientos de una mano, quieres hacerlo, reconoces su cara. Era más joven, pero tenía el mismo gesto, no sabes cómo no lo reconociste hace unos días, fija su mirada en ti y parece leer tu pensamiento, notas cómo cree que puede vencerte con un ataque dirigido por la rabia. Lo desarmas con un golpe de hoja y otro de la contrahoja, cae ante ti de rodillas, no le quedan fuerzas ni voluntad. Entonces giras sobre tus talones, ayudas a levantarse a Hinari y sigues tu camino sin decir una palabra. Takahiro comienza a hablar. Aún recuerdo el olor de tu rostro contra las brasas Tadashi, el olor a barbacoa, a cerdo asado Ronin, se me está abriendo el apetito, quizá brinde a tu salud maldito vagabundo, muere antes de que nos volvamos a encontrar y te ahorraras sufrimiento. Mei así lo habría querido.

El camino te lleva a una pequeña cabaña a las afueras de un poblado, tiene el símbolo de una armería y el ruido del trabajo con el metal, estás harto de ayudar a Hinari a que

camine y decides parar. El herrero es Benjiro y se conmueve al ver la escena, le vuelves a mirar y reconoces el símbolo del jabalí furioso, este es su almacén, en la ciudad solo tiene un pequeño taller de reparaciones y piezas para vender. Ves que está forjando una naginata de tu medida, notas que mira tú arma, mellada y sin reparar, te ofrece asiento y un lugar de descanso con solo asentir a tu mirada. No puedes rechazarlo. Tumbas a Hinari y te sientas a descansar, te ofrece agua que es justo lo que necesitas. Tus ojos se cierran y vuelves a revivir el mismo sueño, alguien se aleja, aparece ese collar en tu mano, los gritos, el olor, la tristeza la soledad. Todo vuelve. Te despiertas sin saber cuánto tiempo ha pasado y sin haber descansado. Tu amiga está bien, ha comido y se ha bañado, me ha dicho tu nombre, pero dice que prefieres que te llamen Caraquemada, No entiendes el humor de Hinari, pero no quieres corregir a Benjiro. Podrías probar esta arma, he visto que coincide con tu estilo de combate y necesito a alguien que la maneje antes de dar los últimos retoques. Te tiende la pieza que estaba terminando de forjar, la hoja reluce, afilada con la piedra, el mango se ajusta perfectamente a ti, notas el pequeño pomo del extremo de la contrahoja, le otorga peso y velocidad cuando lo lanzas de manera ofensiva, el equilibrio perfecto, la guardia del filo tiene detalles de dragones que se entrelazan en un círculo, el mango es más oscuro que el de tu arma. Notas como puedes moverla, parece que te indica cual es el siguiente movimiento, es algo más pesada pero su tacto es más suave, atacas hacia un lado, lanzas una estocada, giras y empujas con la parte roma, lanzas un corte, giras y te enfrentas a tres enemigos invisibles que te rodean, te permites usarla como pértiga para lanzar una patada que puede partir las costillas de un oponente, derribas a otro, cortas un tendón, rajas un cuello, te dejas llevar, todo gira pero tienes plena consciencia de dónde estás, de cómo se mueven tus manos, tus pies, tu espalda, te notas sudar y lanzar un embiste contra la nada y detenerte, cuando paras a oír tu respiración oyes a Benjiro. Sí que se ajusta a tu estilo, no sabía que estaba forjando un arma para ti, pero está claro que es tuya, le faltan algunos detalles, pero para mañana estará lista. Hinari me ha dicho que te sueles ir sin despedirte, mañana la puedes coger, considéralo un regalo. El resto del día paseas por alrededor de la cabaña, oyes a Benjiro trabajar, al caer la noche cenáis juntos y bebes lo suficiente para que se te suelte la lengua, cuentas anécdotas que hace años que no mencionabas, tú te ríes, pero notas cómo los ojos de Benjiro se enrojecen, como aparta la mirada y te sirve más sake. Antes de irse a dormir la ves, una nueva lanza, una naginata recién forjada para ti. Se llama “On-Tori” Sonido del camino. Espero que te sirva guerrero, algo me dice que no tardarás en usarla.

Al día siguiente caminas en dirección contraria a la ciudad, todo se ordena en tu mente, vuelves a estar solo, como siempre te sientes, recuerdas a ella, ¿Cuánto hacía que no oías su nombre en voz alta? Mei, su pelo, su olor, esa vida que llevabas, eras alguien, querías estar con ella, sabías de las intrigas del clan, pero no pensabas que te podía tocar a ti, tenías fuerza, pero no ambición, pensabas en escapar, con poder estar lejos, pero con ella te veías feliz. Antes de poder planear nada todo pasó, cierras los ojos e intentas recordar su olor, te permites compadecerte, intentar recordarla y el viento te juega una mala pasada, oyes su voz. Hola cuñado, hola Caraquemada, hola Tadashi, ¿Qué nombre he de decir cuando te mate? Entonces abres los ojos y la ves, Izumi, con el pelo alborotado de siempre, la que fue tu familia, ella que asesinó a su propia sangre, a tu alma gemela, a su propia hermana. Está frente a ti, ves esa máscara que reconoces. ¿De verdad no me reconocías? Entrenamos juntos, dormíamos bajo el mismo techo, y no eras capaz de ver tu realidad. Cómo pudiste ser engañado tan fácilmente. Entonces te das cuenta, no existió ninguna Shidori, ahora reconoces el olor que provenía de esa casa. Era ella, quería que te volvieses loco, más todavía. Izumi la que ansiaba el estatus de su hermana dentro del clan, la que planeó sustituirla tras su muerte y dejarte hecho un vegetal está ante ti. Te recuerdas que debes ser frío, puede engañarte, puede manipularte, ves su katana enfundada, incitándote a pelear. Aciertas a ver su kimono medio abierto, esas cicatrices en el pecho que le profirió su propia hermana defendiéndose antes de su muerte. La cara te arde de nuevo, notas cómo te sujetan mientras ves morir a tu amada, oyes sus gritos, sientes esa vergüenza e impotencia de no poder hacer nada, crees que el pecho te va a estallar, tus músculos palpitan, quieres abalanzarte y acabar con ella, pero sabes que no puedes hacerlo, es lo que pretende. Lo ha planeado todo, no soporta tu existencia y no quiere solo que mueras, quiere que sufras, que lo revivas, quiere que tu tormento aumente antes de tu final. Miras al vacío y respiras, no queda nada en ti, notas algo florecer en tu interior, un solo brote, pero te aferras a él, tienes que sobrevivir y ser mejor. Este final podrá ser un pequeño principio. Te desprendes de todo menos de tu nueva arma, si consigues que Izumi de él primer golpe sabes que estará acabada. Avanza hacia ti con la espada enfundada, te llama cariño, dice que te quiere, es la voz de Mei, duele más que si te apuñalase, no entiendes cómo pudiste dormir bajo el mismo techo hace solo unos días, cómo pudo fingir así, cómo quiso entrenarte, animarte solo para plantar una esperanza que poder arrancar. No quería acabar con tu vida, quería plantar una ilusión que poder erradicar. Intentas ver a través de ella, intentas escuchar alrededor, el sonido del bosque, la brisa que mece las hojas, tus propios pasos, cómo tu mano aferra el mango de tu arma y apunta hacia ella, a ese pelo alborotado, ese mismo pelo, esa misma cara. Pero no es ella, lo sabes bien, ella no está, solo queda en tu recuerdo. Decides luchar pon conservar lo que queda de ella. Si solo sigue viva en tu cabeza mejor seguir teniéndola sobre los hombros, avanzas en guardia hacia su lado fuerte y esperas, si sigue siendo igual de rápida puede dejarte sin un brazo antes de un parpadeo, pero esperas, no tienes tanto que perder. Ves un destello, un pequeño destello de su hoja al abandonar la funda, cuando atisbas a ver el destello sabes que la victoria es tuya, ha sido suerte, o que Izumi también se hace vieja, pero adivinas su trayectoria, desvías la hoja y le asestas un golpe con la vara de tu naginata, cuando está en el suelo clavas tu pomo contra su nuca. Ella quiere que la mates, no pudo escalar en el clan, falló en robar la vida de su gemela. Por un momento ves tu hoja atravesar su cráneo, pero no lo soportarías, susurras unas palabras para que las oiga. Nunca pudiste ser como ella. Te das la vuelta y sigues tu camino, oyes sollozos, no sientes compasión, ni pena o alegría, sabes que no puedes seguir aquí, ya te conocen. Decides ir a un puerto y emigrar al continente, quizá otras tierras te traigan la redención que no encuentras aquí.


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