Ronin: El filo sangriento de la guadaña


A continuación, tenemos la partida de Néstor Monte que ha jugado a Ronin.

Un huérfano adoptado por una familia samurai cae en desgracia después de un incendio, en el que además pierde a su mujer y recibe quemaduras por todo el cuerpo. Es expulsado. Luego viaja sin rumbo pero es perseguido por su antiguo clan.

Por último, recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.


 “La mar está cruzada 

olas chocan unas contra otras 

olas mueren en la playa 

olas se estrellan en las rocas” 

Matsui Toshiro 

Breve explicación del juego, y notas introductorias.

 Esta es mi primera partida a Ronin, un juego de Tiago Junges. Básicamente, se juega tirando dados, desde para crear al personaje como para los sucesos, encuentros, pnjs y enemigos. A veces puedes decidir si hacer una opción o no, y hay tres atributos cuya gestión influye, si bien minimamente, en la historia y pueden ayudarte a conseguir aliados, intimidar a un enemigo o a volver a tirar un dado, pero al final necesitarás tener dos de ellos en buenos números: compasión y determinación, pues son los que deciden el destino de tu pj tras la partida. 

 Los dados te dan prompts y tú tienes que narrar una historia hilando los resultados, y esta es la principal gracia del juego. Este registro de partida ha prescindido de cortar la narración con la descripción de las tiradas de dado, pues el juego es muy sencillo y no necesita tutorial.

La creación de personaje me posibilitó escribir un largo texto con los antecedentes del personaje, narrando cómo consiguió su «cicatriz», que resultó ser «quemaduras en todo el cuerpo», y el significado de la cicatriz: «Pérdida: alguien a quien amaba ha muerto».

Luego la partida propiamente dicha me impuso su ritmo de escenas cortas: se tira por el viaje, la localización, y los posibles eventos de uno u otro, y vuelta a empezar. Cuando en la tabla de viaje dice «no ocurre nada», aprovecho para meter un cameo con un personaje de la historia o cultura de Japón.

 Cuando se indica un nombre completo, los apellidos van siempre delante del nombre, respetando el orden tradicional y oficial japonés. 

 Aunque conozcas “Ronin” el glosario de esta partida difiere, así que te recomiendo leerlo. 

Glosario

 -Kama: guadaña 

 -Kami: son entidades que adoradas en el sintoísmo. Aunque la palabra se suele traducir como «dios» o «deidad», los estudiosos de Shinto apuntan a que dicha traducción da lugar a una mala interpretación. Si bien, en algunos casos, los kami pueden ser deidades personificadas, en otros casos representan el fenómeno de crecimiento, objetos naturales, espíritus que habitan los árboles o las fuerzas de la naturaleza.

 -Kōjin: kami del fuego. 

 -Mar cruzado: cuando, por encontrarse dos corrientes subterráneas, las olas convergen desde dos direcciones opuestas, formando cuadrículas y chocando entre sí. 

 -Onna-musha: “Mujer guerrera”. Mujeres pertenecientes a la clase samurái en el Japón feudal, entrenadas en artes marciales y tácticas de combate para defender su hogar, familia y honor. A diferencia de la creencia popular, no solo protegían el castillo, sino que muchas lucharon activamente en el campo de batalla junto a los samuráis hombres. 

 -Ronin: “Hombre de las olas”. Guerrero sin señor. 

 -San: sufijo honorífico después de un nombre, es de carácter formal y posee un significado similar al “señor” o “señora”. Usar san después de un nombre también muestra respeto hacia un igual en edad o estatus. Es utilizado tanto para hombres como mujeres, siempre en segunda o tercera persona, específicamente cuando la relación entre las dos personas no es de mucha confianza.

-Yokai: entidades sobrenaturales del folklore japonés, traducible como espíritu, espectro o demonio. 

 -Yogacarabhumi-sastra: un demonio que decide el momento de la muerte de las personas 

Narración

 -Has visto a ese ronin que ha pasado hoy por el pueblo? La cara y las manos desfiguradas por el fuego, el cabello todo blanco… 

 -¿Que si lo he visto? ¡Me lo he encontrado de cara! ¡Menudo susto! ¡Parece un yokai! Y, agárrate.. ¡Es más joven que nosotros! Te apuesto a que tiene poco más de veinte años.

-Yo le hubíera invitado con gusto a un arroz con liebre y a una botella de sake, con tal de escuchar su historia. 

 -No te lamentes… Historias trágicas no faltan en nuestros días. 

··· 

 Era una mañana oscura en Hirogawa, y a las nubes que ocultaban el sol se unían ahora las columnas de humo de los incendios provocados por el ataque de los ronin. Cuando atacaron, casi todo el pueblo estaba en los arrozales. La mayoría de hombres y varias mujeres corrieron a defender al pueblo, junto a los seis samurai residentes. No podían dejar que volviesen a saquear los silos, y pasar otro año de hambre y miseria. Los ronin eran menos pero mucho mejor armados y experimentados que los campesinos, aunque estaban dispersos, sobre todo al principio, todavía dedicados al saqueo de las casas. Muchos estaban flamélicos, y al registrar un hogar lo primero que hacían era atiborrarse en la despensa. Pero pronto las escaramuzas se convirtieron en una batalla campal, y luego la batalla empezó a transformarse en una matanza. Rompió a llover. Cuando todo ya parecía perdido, caído ya el último samurai, se escuchó un retumbar de cascos: un nutrido grupo de samurai a caballo, que andaba al acecho de la banda de ronin. Se inició una cacería, aunque algunos ronin supieron vender cara su piel.

 El oficial de la tropa, Kikuchi Kentaro, desmontado de su caballo, entrechocaba su katana con un digno rival, cuando vió llegar corriendo a un viejo enemigo, el ronin Ondori, dispuesto a aprovechar su desventaja. Casi al instante, Kentaro oyó un agudo y salvaje grito, y vió surgir de detrás suyo a un niño que, cubierto de sangre y empuñando una hoz igualmente ensangrentada, se lanzó contra Odori. El ronin lanzó un sablazo con su katana, pero el crío saltó hacia atrás justo a tiempo para evitar su filo, para sin pausa saltar adelante y hundir el filo de su guadaña salvajemente una y otra vez hasta asegurarse de que había muerto. Se sintió observado, y se giró hacia Kentaro, que habiendo acabado ya con su rival, le miraba atentamente. El niño era un campesino cubierto de andrajos, de no más de 13 años, y su cabello estaba lleno de incipientes canas. La batalla había cesado en el área y aquí y allá comenzaban a oirse gritos de victoria. La lluvia y la falta de viento habían casi apagado los incendios. 

 -Dime, niño ¿Cómo te llamas?¿Quienes son tus padres? ¿Quien te ha enseñado a usar así la guadaña? ¿Cómo que tienes canas, siendo tan joven? 

 -Soy Toshiro. Hace un año que practico solo. Hace un año que empezó a blanquear mi pelo, desde que murió padre, Matsui Takahiro. Hoy lo he vengado. 

 Kikuchi Kentaro, yerno del hermano del daymo del poderoso clan Dragón, tomó a Toshiro como su sirviente y discípulo. Tres años después, Toshiro fué nombrado samurai. Kentaro se alegró de que Toshiro dejase su casa para servir al clan, sobre todo porque había visto el tipo de miradas que le dirigía su hija. Tres años más pasaron hasta que, a regañadientes, Kentaro aceptó a Toshiro como yerno. Y les entregó un edificio anexo en la residencia Kikuchi. 

 Noriko era una Onna-musha de la edad de Toshiro. Fuerte, llena de vitalidad y un tanto impulsiva, pero también poseedora de un alma sensible, curiosa y perspicaz. Esa noche Toshiro y ella celebraban un año de casados. Hicieron el amor varias veces, y Noriko se levantó a por sake. Al volver, se sentó en el escritorio y, aunque ya había una lamparita que iluminaba la estáncia con una luz ténue, encendió unas cuantas velas. 

 -Maridito mío, no hay sake…-dijo, mientras cogía papel, pinceles, una barra de tinta y la piedra de entintar. 

 -¿No hemos bebido ya bastante? Como se entere tu padre que te dejo beber… Noriko hundió su pincel en tinta y comenzó a escribir un haiku, recitándolo al mismo tiempo: 

-”La noche es calurosa… mi paladar está seco… un ratoncito se esconde en mi cama”. Toshiro se levantóy miró por encima del hombro de su amada. 

 -¿Qué es esa caligrafía? -se mofó. 

 -¡El estilo de la mona borracha! -dijo Noriko girándose con el pincel, intentando pintar la nariz de Toshiro. 

 -¡Está bien! Pero a estas horas no puedo molestar a nadie de la casa, y no me fío de ninguno de los sirvientes. Saldré a ver a Nobu, con una buena propina. 

 Cuando consideró que Toshiro ya había sanado lo suficiente de sus quemaduras como para levantarse y para arrodillarse, Kikuchi Kentaro mandó que trajeran a Toshiro ante su presencia.

-Sabemos que el fuego empezó en vuestra habitación. Sabemos que abandonaste la casa para ir a despertar al destilador de sake. Diste sake a mi hija y la dejaste borracha en mitad de la noche, con la habitación llena de velas. Tú mismo lo confiesas en sueños. Encontramos su esqueleto calcinado, había poco que enterrar. -dijo Kentaro a Toshiro, que, arrodillado, regaba el piso con sus lágrimas, sin pronunciar un sonido- Debería matarte, pero debido a que te lanzaste al fuego para intentar salvar a Noriko, te dejaré marchar. 

 -¿Por qué estoy vivo, mi señor? 

 -Al poco de que entrases al edificio en llamas, se derrumbó parte del techo y quedaste sepultado, ileso del derrumbe por capricho de Yogacarabhumi-sastra. Pero con las marcas de la ira de Kōjin -Hizo una pausa-. He hablado con el Daimo y has sido expulsado, así que ya no soy tu señor ¿Entendido? Ahora marchate. Y no vuelvas nunca.

Y así Toshiro fué expulsado del clan por su suegro, su maestro, el hombre que había sido como un segundo padre para él. 

··· 

 Nuestra historia comienza con el cuarto incendio del que Toshiro fué testigo. Los dos primeros, en sendos ataques ronin a su pueblo. El tercero,en el que perdió a su amada. 

 Toshiro andaba por un camino secundario, cuando vió un fuego en una granja aislada. Pensando en Noriko, superó un momento inicial de miedo para lanzarse a correr hacia la casa. Escuchó gritos de socorro y se decidió a entrar. Rescató a dos niños, pero sufrió nuevas quemaduras intentando salvar al abuelo. 

 Al siguiente día, llegó a una pequeña ciudad, donde pudo sanar sus heridas. Le pareció que el lugar era inquietante, como si la gente ocultara algo, pero era simplemente el carácter seco y huraño de los lugareños. 

 Al salir de la ciudad escuchó rumores a lo largo del camino sobre un gran animal salvaje suelto, que mataba el ganado y atacaba a las personas. Decidió seguir la pista de la feroz bestia, encontrando a un gran lobo que devoraba a una oveja. El lobo notó su presencia y se giró amenazante, el pelo erizado y monstrando los dientes, a punto de saltar a morder. Toshiro no dudó en atacar, pero el lobo esquivó el ataque, lanzó un zarpazo que Toshiro paró con su kama izquierdo, para inmediatamente hundir el derecho en el cuello de la imponente bestia. 

 Sus pasos condujeron a Toshiro a otra pequeña ciudad. Allí le llamó la atención una herrería, tanto por la calidad de sus armas como por el aura que parecía despedir el herrero, que en esos momentos trabajaba al aire libre, feliz como un buda. Akira el herrero, de voz gutural y profunda, hizo pronto buenas migas con Toshiro. Le contó un secreto: el clan Cabra había hecho llegar una oferta al clan Insecto para que traicionase su alianza con el clan Ardilla. 

 De nuevo en el camino, pasó una agradable jornada hasta que tres ladrones armados con garrotes le rodearon. Bloqueó el primer ataque y despachó al primero. Entrechocó su arma con el segundo, y lo liquidó con el siguiente golpe. El último cayó al primer ataque. 

 Otra pequeña ciudad apareció en el horizonte. Cuando llegó, era media tarde. En sus estrechas calles, notó como el hombre que había chocado contra él le había aligerado de su bolsa. Corrió tras él, el ladrón se giró y Toshiro apenas pudo bloquear su golpe, pero seguidamente le asestó él un golpe mortal. 

 Siguió camino. No ocurrió nada de interés salvo cruzarse con un ronin empujando un carrito de bebé. El niño, de unos tres años, miró a Toshiro con ojos que parecían los de un guerrero evaluando a un posible adversario. 

 En el bar de una pequeña ciudad conoció a Hansuke “el hermoso”, que se ofreció a ayudar. Pero Toshiro no quería arriesgar vidas inocentes mientras pudiese evitarlo. Y Hansuke podía tener “sex appeal”, pero tenía toda la pinta de ser un indefenso inocente. Hansuke se dió cuenta de ello, y manifestó su vergüenza de no poder empuñar un arma como lo haría un guerrero.

-Te parecerá que llevo una alegre vida disoluta, dedicada al placer, pero en verdad odio esta vida sumisa que llevo. Me gustaría poner mi grano de arena para cambiar las cosas.

-Lo siento Hansuke, no todos pueden o deben ser luchadores. Pero si lo deseas de corazón, entrena duro unos años antes de hacer locuras. Un guerrero no se hace en un día. Ha sido un placer compartir este sake contigo. Buenas noches.

 Partió al alba, y la siguiente noche la pasó en una posada muy sencilla a la vera del camino. Le despertaron unos gritos de auxilio, pero resultó que solamente eran unos niños traviesos. 

 Llegó a una ciudad, y en sus animadas calles conoció a otro Hansuke. Este tenía una mancha de nacimiento en la sien, con la forma de Japón. Era otro ciudadano indefenso, sin pasado interesante ni información relevante. Intentó con determinación encontrar un aliado más adecuado, pero falló. 

 La siguiente ruta fué muy descansada, pues una familia se ofreció a llevarlo en su carro y tuvieron un agradable viaje sin incidentes. 

 Llegó a un puerto. Tras comer un pescadito y una sopa de algas, se retiró a meditar. 

 Su siguiente camino no tuvo nada que señalar, excepto cruzarse con un ronin desaliñado de duro aspecto que llevaba como arma una katana de madera, como las usadas para entrenar. 

 Llegó a una gran ciudad, gobernada por el clan Mono, un nuevo clan. Al día siguiente se encontró con Akira el herrero, que le entregó un par de nuevas Kama de excepcional calidad, como regalo: “Las he hecho especialmente para ti”. Akira le contó que había venido a ver a un colega, otro maestro herrero, de reputada fama, y le ofreció presentárselo. Toshiro declinó, y tras agradecerle sinceramente toda su ayuda, se despidieron, y Toshiro salió de la ciudad. 

 Andaba Toshiro admirando el paisaje, cuando un shuriken se clavó en su espalda. Saltó a un lado buscando ponerse a cubierto y se giró parabuscar a su atacante, y vió a un ninja corriendo a su encuentro. Toshiro se salvó en el último momento; habiendo estado todo el combate ocupado en bloquear los expertos golpes del ninja, finalmente pudo segar su cabeza. 

 Llegó a otra gran ciudad, gobernada por el clan Cabra. Dos soldados trataron de detenerlo en un callejón. El primero cayó inmediatamente, el segundo empezó teniendo la ventaja, por un momento estuvieron igualados, pero finalmente Toshiro le liquidó. 

 Tras ello, limpió su arma, mudó su ropa, y se perdió entre la multitud. Un hombre que corría chocó contra él, y cayó al suelo. Toshiro le ayudó a levantarse, mientras el hombre pedía perdón: “Lo siento, soy médico y tengo que atender un parto difícil”, y salió corriendo de nuevo. Cuando Toshiro estaba comiendo en un puesto callejero, el doctor se puso a su lado.

-Déjeme que le invite, por favor -dijo, con cara inexpresiva-, me llamo Haruto. Era un hombre muy reservado, pero dejó caer que tenía cierta relación con Akira. Toshiro intentó ganarlo como aliado, pero no lo consiguió. 

 Salió de la ciudad. El camino estaba desierto, y llovía. Toshiro se giró, llevado por un mal presentimiento. Para su sorpresa, se encontró al doctor Haruto acompañado, ni más ni menos, de Tadashi, un atlético samurai de la casa del dragón que se había mostrado hostil desde la adopción de Toshiro por el clan. Tenía una cicatriz en el costado que recibió en Hirogawa, donde se destacó en la lucha esperando llamar la atención de su oficial Kikuchi Kentaro, pero éste había posado sus ojos sobre un niño campesino. 

 -Odio hacer esto -dijo Tadashi-. Crees que te odio a ti, quizá era así antes. 

 -Uno siempre tiene elección -respondió Toshiro. Se giró hacia Haruto- ¿Y qué hace usted por aquí en semejante compañía, doctor? 

 -Tengo una deuda y me matarán si no pago mañana -dijo, blandiendo un garrote-. No estoy orgulloso de lo que estoy haciendo, pero tengo cinco hijos que seguir criando y alimentando. Y una esposa. De verdad que lo siento -y empezó a acecarse a Toshiro, lentamente pero con decisión. Haruto casi logró hundir su garrote en la cabeza de Toshiro, pero el ronin le noqueó. “Estoy harto de tanta matanza”, se dijo. Y, cuando Tadahi iba a atacar, rápidamente lo golpeó con el canto de su kama, noqueándole también. 

 Llegó a un pequeño pueblito y meditó. La idea de que Kentaro había puesto precio a su cabeza le dolía, pero el haber puesto fin a su camino de instrumento de la muerte le reconfortaba. Pudo concentrarse en la respiración y parar el torrente de pensamientos, y tras la meditación se sintió más determinado que nunca a seguir los caminos que su conciencia le dictara. El camino del segador de vidas se había acabado. Seguiría defendiendo su vida y la de los inocentes, pero no tomaría más vidas mientras pudiese evitarlo. Quizá pronto sus guadañas pudiesen volver a ser una herramienta para proveer alimento, es decir vida. 

 En su siguiente etapa, un samurai de la casa Dragón cerraba el camino con actitud hostil, pero Toshiro siguió acercándose con mirada asesina mientras hacía girar los kama en sus manos como malabares. El samurai, intimidado, se hizo velozmente a un lado del camino. 

 Llegó a una ciudad grande, dominada por el clan Ardilla. Dos soldados trataron de pararlo, y acabaron fuera de combate. 

En un bar se le acercó cordialmente un guerrero de pobladas cejas, Yoshiro un mentor de Iajutsu.

– ¿Matsui Toshiro san? -preguntó con una ligera reverencia – Soy Tanaka Yoshiro, maestro de Iajutsu, a su servicio. 

 – Un honor, Tanaka Yoshiro san -dijo Toshiro, inclinándose un poco a su vez. 

-Sentémonos en una mesa y charlemos, le invito a unos sake. 

 -Con mucho gusto. 

 Hablaron de temas intranscendentes mientras tomaban mesa y esperaban ser servidos. Tras brindar con el sake, Yoshiro acercó su rostro al de Toshiro, y habló con tono confidencial.

-He sabido que… 

FIN 

del primer acto. 

Continuará…

Notas finales

 He intentado seguir el manual como único recurso de juego, aunque me he servido de búsquedas web para algunos elementos culturales japoneses para escribir el diario de juego. 

 He interpretado a mi manera el resultado 1 de la tabla 5 “familia”, que decía que mi pj era un huérfano sirviente, y yo lo he convertido en un samurai adoptado. 

 Curiosos los resultados repetitivos del azar, que llevan a mi pj de cuerpo quemado a un nuevo incendio nada más aparecer la aventura, o los dos posibles aliados consecutivos ambos llamados Hansuke e indefensos, pero distinguidos entre sí gracias a la tabla de apariencia, o a conocer a un artesano en la gran ciudad en la que por fín puedo encontrar al artesano anterior y recibir su regalo. Aparte de usar un solo punto de determinación para intentar no repetir aliado indefenso, cambié una sola vez un resultado por el morro durante toda la partida, en el que volvía a encontrarme con una ciudad de gente inquietante, pero decidí volver a tirar dados. 

 No usé la opción de diálogo con los enemigos comunes, solamente con el priver villano y su colega el doctor. No me pareció oportuno en el resto de casos parar la acción para ello. No he usado “Salirse del camino”, una opción que te da libertad para “buscar algo” o a alguien a tu elección, habiendo de tirar el dado para el resultado. 

Intimidar lo usé una vez y tarde, pues desde entonces ya había alcanzado tanta reputación que no necesitaba tirar dado para intimidar. Este detalle me parece un poco roto y merecedor de una regla casera. 

 Muy buena experiencia, me ha ayudado a soltarme en la escritura; a pesar de que supuestamente no es necesario llevar diario para jugar, yo lo veo recomendable y, para mí, ha sido lo mejor del juego.


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