The Dying Earth: La Posada del Hombre de Hierro


A continuación, tenemos la partida de Johano que ha jugado a The Dying Earth Roleplaying Game, ayudado de The Scaum Valley Gazetteer y de Mythic Game Master Emulator 2nd Edition.

Lanora, una excortesana antes conocida como la Bella, llega a la Posada del Hombre de Hierro, donde su incapacidad para controlar su arrogancia hace que se vea involucrada en un enojoso enredo con el posadero, sus tres esposas, una cabeza parlante y una gran olla de estofado.

Por último, recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.


[Me gustan mucho las historias de Jack Vance, a pesar de todas sus (evidentes) limitaciones. Estaba buscando información sobre su saga de la Tierra Moribunda para adaptarla a Ironsworn cuando me encontré con que tenía su propio juego de rol: The Dying Earth, de Pelgrane Press. Me hice con el manual y algunos suplementos de ambientación, pero nunca lo había jugado hasta que me tropecé con él poco después de leer el anuncio del IV Certamen de Jugando Solo RPG en el foro de Comunidad Umbría].

LA POSADA DEL HOMBRE DE HIERRO

Lanora lanzó un suspiro al divisar el lugar donde pensaba pasar la noche: la Posada del Hombre de Hierro. El rojizo sol estaba casi rozando el horizonte y ella no deseaba tener que dormir al raso en el páramo. El edificio de la Posada era una gran torre de piedra, cuyas almenas delataban su origen marcial. A su alrededor había varias casas de madera con tejados de paja. Todo el conjunto estaba rodeado por una tosca empalizada. Lanora se dirigió con paso rápido hacia la entrada del recinto.

– ¡Buenas tardes! – saludó al guardia, armado con una lanza corta, que vigilaba la puerta. Por su aspecto, el hombre era, con toda probabilidad, un campesino que cumplía su turno como custodio de la comunidad.

El guardia la miró boquiabierto. A pesar de que la Posada del Hombre de Hierro era el primer lugar seguro al sur de Cuirnif, por lo que era frecuentada por multitud de viajeros, la mujer era consciente de que su aspecto llamaba la atención. No en vano en otro tiempo había sido conocida como Lanora la Bella. Sus ropas masculinas, una chaqueta de cuero rojo adornada con pasamanería negra y dorada y unos anchos pantalones negros metidos por dentro de unas botas de caminante de cuero sin teñir, apenas podían esconder su espléndida figura. De su ancho cinturón pendía una espada ropera en su vaina. Su bello rostro estaba coronado por una melena pelirroja que llevaba recogida en un moño escondido bajo un sombrero negro de ala ancha, adornado con una pluma roja y otra dorada.

– ¡Bu… buenas tardes!- balbuceó el hombre-. ¿Qué… qué desea?

– Mi nombre es Lanora. Vengo de Cuirnif y pensaba pasar la noche en la Posada antes de continuar mi viaje hacia el sur.

El vigilante la dejó pasar con un gesto. La viajera sintió sus ojos en la espalda cuando se dirigió hacia la puerta de la Posada. Sin apenas pensarlo, exageró el movimiento de sus caderas. Nunca se sabía cuándo iba ser necesaria la indulgencia de un guardia.

Lanora atravesó la puerta del Hombre de Hierro tras observar con curiosidad dos brazos metálicos colgados sobre ella y se encontró con un gran salón que ocupaba la mayor parte del piso inferior de la torre y hacía las veces de bar y sala común. [¿Hay bastante gente en la posada? 50/50: 61, no]. No había demasiada gente esa noche en la Posada, por lo que pudo elegir una pequeña mesa cercana a la chimenea. [¿Quién la atiende? Mandry (1, 2), Floresse (3, 4) o Arimelle (5, 6): 1, Mandry]. Una atractiva camarera rubia ataviada con un vestido de terciopelo gris pastel que remarcaba su exuberante figura se acercó a su mesa. Lanora la miró apreciativa. Hacía mucho tiempo que no compartía lecho con nadie, ni hombre ni mujer. [¿Se resiste Lanora a la lujuria?: 6, éxito extraordinario. Obtengo una bendición de 1 en lujuria]. Por un momento acarició la idea de intentar seducirla, pero la rechazó de plano. Debía concentrarse en su principal objetivo: conseguir que un mago la tomase como aprendiz. Algo que no sería nada fácil. No valía la pena la posibilidad de meterse en problemas por tontear con una camarera tetona.

– La señorita está invitada, Mandry- dijo una voz a su lado. [Los personajes con estilo de persuasión “encantador” reciben “invitaciones a cenar, intentos de seducción y otras ventajas que los carismáticos por naturaleza dan por sentadas” según el manual].

– Gracias, caballero- dijo la viajera al hombre que la había invitado con un delicioso mohín en los labios y una encantadora caída de ojos. Se trataba, sin duda, de un habitante de la zona, vestido con chaleco de cuero, camisa de muselina, pantalones de lona, polainas y zuecos. En su misma mesa se sentaba otro hombre ataviado de forma similar. Después Lanora se volvió hacia la camarera para hacer su pedido-: Quiero un plato de estofado de cazador con colmenillas, carnero asado y bizcocho borracho de alubias dulces. Y una copa de buen vino tinto para acompañar.

El compañero del campesino que la había invitado lanzó una breve carcajada que se cortó rápidamente cuando Lanora se volvió hacia ellos.

– ¿Puedo saber a quién debo el placer de esta invitación?- preguntó la mujer. – Ripkiss… Me llamo Ripkiss…- balbuceó el hombre.
– Encantada de conocerle, señor Ripkiss. ¿Y su compañero?
– Balane- respondió velozmente el otro.

– Igualmente encantada de conocerle a usted, señor Balane.
– ¿Y usted? ¿Cómo se llama?- preguntó Ripkiss.
– Lanora…- contestó la mujer. Y, tras un momento de duda, añadió-: La Viajera.
– ¿Y cuál es el motivo que lleva a una mujer tan hermosa a pasar fatigas por los caminos?

– El destino… que nos empuja por los senderos de la vida como hojas a las que arrastra el viento. Hoy mi destino es viajar. Mañana, ¿quién sabe?- divagó Lanora. Y luego, señalando el plato de estofado que la camarera rubia había dejado ante ella, dijo-: Y ahora, si me disculpan…

Mientras la viajera disfrutaba de su cena, el dueño de la posada, un tipo bajito, corpulento y calvo como un huevo, colocó un soporte en medio de la sala común, sacó lo que parecía una cabeza humana de un armario cerrado con llave que había tras la barra y la colocó en lo alto del soporte.

– Se abre la sesión del tribunal- gritó mientras agitaba una campana-. Todos los que deseen justicia, que compren una copa de vino en la barra y se acerquen. La Cabeza los escuchará.

– ¿Qué es eso?- preguntó Lanora con curiosidad.

– La Cabeza de Hierro, una parte de un automatón creado hace siglos por Kinnu el Inexorable para impartir justicia y mantener el orden en la región- contestó Ripkiss-. La Cabeza media en las disputas. A cambio de un vaso de vino, contesta “sí” o “no” a una pregunta que se le haga. Es justa por naturaleza y no puede ser sobornada.

Esa noche dos granjeros locales le plantearon a la Cabeza una complicada disputa sobre lindes de la que Lanora no entendió ni la mitad, pero que los parroquianos habituales comentaron animadamente. Al final de la exposición del caso, el posadero le planteó la pregunta.

– Dime, ¡oh, Cabeza!, ¿podría ser esto cierto, tal y como me ha sido relatado a mí y yo te he contado a ti?- concluyó, vertiendo en su boca el contenido de un vaso de vino que uno de los litigantes le había entregado.

Después de tragar el vino, que salió por su parte inferior y fue a parar en buena parte al suelo, la Cabeza emitió un sonoro “no”. Los lugareños discutieron animadamente el veredicto, aunque, extrañamente, todos parecían complacidos con él.

– ¡Camarera!- la viajera llamó la atención de Mandry-. Desearía una habitación. Con bañera, a ser posible.

– Como no, señora. Son treinta terces. Pagados por adelantado- contestó la otra mujer, mirándola fríamente. Parecía haber deducido por el aspecto de su clienta que esta no podría pagar la habitación. Acertadamente, por otra parte.

[¿Se resiste Lanora a la arrogancia?: 1, fallo descorazonador. Añado a los objetivos: “Castigar a Mandry por su desvergüenza”].

– ¿¿¿Cómo te atreves???- estalló Lanora-. Tú… tú… tú… ¡Hija ilegítima de un leucomorfo y un deodand! ¿Quién te crees que soy yo? ¿Una pordiosera que viene a mendigar a la puerta de este tugurio?

[Lanora lanza el hechizo “La Ilusión de los Viles Artrópodos” contra Mandry: 4, éxito por los pelos].

La pelirroja apuntó con un dedo a la camarera, susurró unas palabras ininteligibles e, inmediatamente, entre las dos mujeres se materializó un enjambre de arañas, cada una del tamaño de un puño, que se dirigieron hacia Mandry. La mujer lanzó un ensordecedor chillido de terror y salió corriendo hacia la puerta de la cocina. Su aullido atrajo la atención de los clientes del establecimiento que, al ver aquellos seres avanzando hacia el centro de la sala, comenzaron también a gritar y a intentar escapar por alguna de las puertas. Lanora no pudo contener una diabólica carcajada al ver huir espantada a la camarera. [Doy por cumplido el objetivo “Castigar a Mandry por su desvergüenza”]. Un momento después se dio cuenta de que estaba metida en un buen lío. La gente no veía con buenos ojos ese tipo de exhibiciones de las artes mágicas y mucho menos si quien las llevaba a cabo era una mujer. [Tiro “Percepción”: 6, éxito extraordinario. Añado una bendición de 2 a su reserva]. Miró a su alrededor buscando una salida y se dio cuenta de la puerta principal estaba bloqueada por una multitud histérica y la que llevaba a los pisos superiores la conduciría a un callejón sin salida, pero que la de la cocina estaba despejada. Desenvainó su espada y se dirigió corriendo hacia allí, mientras que a su espalda las arañas ilusorias se desvanecían, privadas de la voluntad de la maga que las animaba.

[¿Encuentra a alguien en la cocina? 50/50: 100, no extraordinario]. La cocina estaba completamente desierta. Todos habían huido. Se asomó por la puerta trasera de la Posada, pero tampoco pudo ver a nadie, así que se internó a toda prisa en la oscuridad.

[Fin de la escena. Actualizo los registros. Escribo un resumen de la escena inicial. Añado “Mandry”, “Ripkiss”, “Balane”, “Cilman Redmaulde” y “Hombre de Hierro” a la lista de personajes. Aumento el factor de caos en 1].

[En la escena 2 escribo como escena esperada: “Lanora se cuela en una de las casas del poblado en busca de un escondite”. Tiro D10: 4. Escena interrumpida. Tiro en la tabla de enfoque del evento: 85, “Algo positivo para el PJ”. Tiro en las tablas de significado (acciones) de Mythic: 96 (Tregua) y 30 (Extravagancia). Lo interpreto como que Mandry le ofrecen una tregua y ocultarla a cambio de que la ayude a huir junto con sus compañeras y sus hijos].

Lanora rodeó una de las casas del poblado en busca de la puerta. Al otro lado de la Posada se escuchaba el jaleo que provocaban los aterrados clientes del local. La mujer sabía que eso no duraría mucho. El miedo daría paso a la ira y pronto se organizarían para dar caza a la bruja, que era como habitualmente se conocía a las escasas mujeres que manifestaban poderes mágicos.

– Bruja, chssst, bruja- oyó a una mujer llamándola en voz baja. Identificó la voz de Mandry, la camarera rubia.

– ¿Qué quieres?- susurró Lanora, a su vez.
– Te propongo un trato.
– Acércate- le ordenó. Cuando la mujer se aproximó le preguntó-: ¿Qué clase de trato?

– Si nos sacas de este agujero, a mí, a mis hermanas y a nuestros hijos, y nos escoltas hasta Kaiin, te pagaremos 2000 terces. [Tiro “Percepción”: 6, éxito extraordinario. Añado una bendición de 2 a su reserva].

[¿Se resiste Lanora a la codicia?: 6, éxito extraordinario. Obtengo una bendición de 1 en codicia]. La mujer le pareció absolutamente sincera, pero la propuesta no causó ninguna impresión en Lanora. Convertirse en maga era para ella mucho más importante que cualquier cantidad de dinero que pudieran ofrecerle y no iba a permitir que la codicia pudiera desviarla de su camino. Sin embargo, aquellas mujeres podían ocultarla de la búsqueda de los habitantes del poblado y, además, Kaiin era, precisamente, una etapa de su proyectado viaje.

– He consultado conmigo misma y creo que puedo cumplir adecuadamente con las obligaciones del trabajo- dijo Lanora con tono burlón, inclinándose ante la mujer y saludando con su sombrero. [He introducido uno de los lemas de la partida, por lo que obtendré experiencia por ello al final de esta]. Recuperando la seriedad prosiguió-: Pero tendremos que esperar al alba. Hasta entonces, necesito un escondite.

– Ven conmigo- le dijo la rubia, cogiéndola de la mano y guiándola de vuelta a la torre.

[¿Las sorprende alguien mientras van hacia la Posada? Improbable: 97, no extraordinario].

Las dos mujeres corrieron hasta la puerta trasera de la Posada y luego subieron por las escaleras hasta el último piso sin encontrar a nadie. Mandry la hizo pasar a una de las habitaciones. Estaba amueblada con tres camas con sus respectivas mesillas, un tocador y un gran armario.

– Este es el cuarto que comparto con mis hermanas. Nadie te encontrará aquí.

– ¿Por qué tus hermanas y tú queréis huir de la Posada? El camino hasta Kaiin es largo y peligroso…- le advirtió Lanora.

– Nosotras nacimos allí. En realidad, no somos hermanas, pero las tres éramos doncellas en el Escolasticarium cuando nos raptaron siendo poco más que unas niñas. Redmauldes, nuestro “marido”- su voz tomó una entonación sarcástica cuando dijo esa palabra-, nos compró a un traficante de esclavos, Wakdun el Proxeneta, y desde entonces hemos vivido aquí. Sirviendo en el bar por las tardes, compartiendo su lecho por las noches y pariendo y criando a los hijos de nuestro violador el resto del tiempo. Ser devoradas por los gules no será mucho peor que esto.

– Ya veo…- asintió Lanora. El Vigésimo Primer Evo era una época cruel e historias como la de las tres “esposas” de Redmauldes, o incluso peores, no eran escasas.

– Esa es mi cama- le indicó la posadera-. Puedes descansar ahí. Ahora voy a traer a mis hermanas y les contaremos lo que hemos acordado.

– ¡Espera! ¿Tus hermanas saben que estoy aquí?

– ¡Claro que no! El plan se me ocurrió cuando te vi salir por la puerta de servicio. Una bruja tan poderosa podrá sacarnos de aquí y llevarnos hasta Kaiin, me dije. Pero estoy segura de que estarán de acuerdo conmigo.

La camarera se marchó con un sonoro portazo, dejando a Lanora nerviosa ante la perspectiva de que alguna de las otras hermanas la delatara.

[Fin de la escena. Actualizo los registros. Escribo un resumen de la segunda escena. Añado “Ayudar a huir a Mandry y sus hermanas” a la lista de objetivos. Añado “Mandry” de nuevo a la lista de personajes. Aumento el factor de caos en 1].

[En la escena 3 escribo como escena esperada: “Mandry vuelve con sus hermanas y trazan un plan para escapar del poblado”. Tiro D10: 1. Escena alterada. Tiro en la tabla de ajuste de escena: 10, “Haz dos ajustes” (2, “Añade un personaje”, y 6, “Añade un objeto”). Voy a incluir en la escena la Cabeza de Hierro (personaje) y una copia de la llave del armario en el que la guardan (objeto)].

El tiempo que Mandry tardó en volver con sus hermanas se le hizo eterno a Lanora. Intentó concentrarse para volver a asimilar el hechizo que había utilizado, pero fue imposible debido a su nerviosismo y al jaleo que producían los aldeanos en el exterior.

– Ya les he contado todo a mis hermanas- anunció Mandry a su llegada-. Están completamente de acuerdo.

La rubia le presentó a las otras dos mujeres. Floresse era una pelirroja delgada con ojos astutos y sonrisa sarcástica. Arimelle, una morena de espléndida figura y mirada decidida. Esta última llevaba una gran bolsa de cuero que abrió para revelar la Cabeza de Hierro.

– Siempre quise que, cuando nos marcháramos, nos lleváramos con nosotras el tesoro de estos malnacidos- les reveló.

– Yo soy, como ustedes, un prisionero, un esclavo de estos bárbaros- comenzó a decir la Cabeza, asustando a todas las mujeres excepto a Arimelle, que la miraba con satisfacción-. Llevarme en su huida no solo será un acto de justicia, sino la mejor venganza que se les podría ocurrir contra sus captores. Por cierto, me llamo Tandal.

– Pero… ¿esta cosa puede hablar?- preguntó Mandry asustada.

– No soy una cosa, sino la cabeza del noble Tandal, príncipe de Kaiin durante el decimonoveno evo y gastrónomo sin par…- replicó el interesado.

– Sí, lo sé desde hace años, cuando comenzamos a planear nuestra fuga- lo interrumpió Arimelle para contestar a su hermana-. Descubrí donde guardaba Redmauldes la llave, abrí el armario y me llevé un susto de muerte, como vosotras, cuando me habló. Hasta entonces pensaba que solo era capaz de decir “sí” y “no”. Tandal me explicó cómo fabricar un duplicado de la llave y me hizo prometerle que nos lo llevaríamos cuando nos marchásemos.

– No sé si será una buena idea…- intervino Lanora-. Si huis solamente vosotras, será un problema de vuestro marido únicamente. En cambio, si nos llevamos la Cabeza, es posible que el pueblo entero nos dé caza.

– Por favor, señorita, no me dejen aquí- rogó la Cabeza-. Yo, Tandal de Kaiin, un gastrónomo de fama mundial, llevo lustros condenado a beber vino barato y a escuchar a rústicos proferir parloteos sin sentido en este antro de mala muerte. Si no quieren llevarme con ustedes, arrójenme al fuego, pues no soy capaz de soportar semejante tortura ni un día más.

Mientras la Cabeza hablaba, Lanora también pensó que era un objeto mágico muy interesante y que, posiblemente, podría tener mucho valor para un mago.

– Está bien. Tandal se viene con nosotras- admitió-. Y ahora, señoras, cabeza, veamos cuál es el plan.

[Fin de la escena. Actualizo los registros. Escribo un resumen de la tercera escena. Añado “Mandry”, “Floresse”, “Arimelle” y “Tandal” a la lista de personajes. Disminuyo el factor de caos en 1].

[En la escena 4 escribo como escena esperada: “Las mujeres ponen en práctica su plan”. Tiro D10: 6. Escena interrumpida. Tiro en la tabla de enfoque del evento: 14, “Nuevo PNJ”. Tiro en las tablas de significado (acciones) de Mythic: 58 (Invadir) y 65 (Fuera).Lo interpreto como que un viajero que estaba en la posada durante el alboroto irrumpe en la habitación de las mujeres buscando a Lanora].

Las mujeres y Tandal acababan de ultimar su plan cuando unos fuertes golpes sacudieron la puerta.

-¡Abrid! ¡Abrid inmediatamente!- gritó un hombre desde el otro lado.

[Tiro “Percepción”: 3, error exasperante. Gasto 1 punto de la reserva: 2, error cotidiano. Gasto otro punto: 3. Gasto otro punto: 1, ¡maldición!, error funesto. Pierdo 2 puntos de la reserva y tendría que gastar 3 más para tirar de nuevo, pero no puedo porque me he quedado con solo 2 en la reserva]. Las cuatro mujeres se quedaron paralizadas. Floresse fue la primera que reaccionó.

– Al armario, rápido- susurró a Lanora. Luego alzó la voz para preguntar-: ¿Quién anda ahí?

– ¡Abrid! Estamos buscando a la bruja.

– ¡Callad! ¿Qué hacéis dando gritos a estas horas? Vais a despertar a los niños- la pelirroja abrió la puerta y reconvino al hombre que se encontraba al otro lado.

Se trataba de un viajero que había llegado a la Posada esa tarde, un individuo de aspecto ratonil vestido con un jubón verde musgo, unas calzas grises y una gorra apuntada de la que sobresalía una pluma que tenía el aspecto de haber sido arrancada a un pájaro gravemente enfermo. [El vestuario tiene una gran relevancia en la narrativa de Jack Vance. ¿Sus estadísticas son iguales a las de Cugel, el vagabundo prototípico de la Tierra Moribunda? Improbable: 53, no. Tiene, entonces, según el manual de Mythic GME unos valores un 25% menores: 6 en discusión y combate, 5 en salud y 3 en percepción].

– Estamos registrando todo el poblado en busca de la bruja. Dejadme pasar para que compruebe si está aquí.

– Este es el dormitorio privado de las esposas de maese Redmauldes, dueño de esta posada. Os puedo asegurar que la bruja no está aquí. Y, desde luego, no os permitiré el paso.

El hombre pareció dudar hasta que algo en el interior de la habitación atrajo su atención.

– ¿Qué es eso?- exclamó, abriéndose paso con un recio empujón.

Las tres mujeres se volvieron hacia donde señalaba el viajero. ¡La Cabeza! Lanora maldijo su despiste en el interior del armario. Debía haberse acordado de ella y haberla llevado consigo cuando se escondió. [Esta es la consecuencia del funesto error anterior].

– Eeeh… Sí… Por las noches… por las noches Cilman la guarda en nuestro cuarto…Por seguridad- balbuceó Mandry.

– ¡No me tomes por necio, mujer!

– En realidad, algunas noches la cogemos y la utilizamos para preguntarle sobre nuestras cosas- le contó la pelirroja sonriendo seductoramente y acariciando el pecho del hombre con una mano-. Pero nuestro esposo no tiene por qué enterarse, ¿verdad? [Tiro Seducción para ver si el hombre está interesado: 2, error cotidiano. Floresse gasta 1 punto de su reserva: 6, ¡éxito extraordinario!]

El viajero pareció sorprendido, pero de ningún modo contrariado por el coqueteo de la pelirroja. [¿Arimelle aprovecha que está distraído para atacarle? Muy probablemente: 53, sí. Tiro ataque con un arma improvisada. Como las señoras Redmauldes solo son competentes con la espada ropera, se le aplica una penalización de -1 y una tasa de -1 por atacar con destreza a un oponente intuitivo. Por otro lado, como el blanco está “distraído” se aplica la bonificación por tarea especialmente fácil: 5-1=4, éxito por los pelos. Arimelle tiene que pagar 1 punto de su reserva por la tasa]. Aprovechando que el hombre parecía mesmerizado por Floresse, Arimelle tomó una pesada lámpara de una de las mesillas y la abatió sobre su cabeza. [Antes de poder defenderse, voy a ver si el viajero consigue una tirada de percepción: 6, sí. Aumento su reserva en 2. Tiro defensa: 5, éxito prosaico]. Quizá porque la morena había sobreestimado los encantos de su hermana, quizá porque había hecho algún ruido que había sobresaltado a su objetivo o quizá por pura suerte, el caso es que el hombre se volvió en el momento justo y logró esquivar su ataque.

[Floresse intenta inmovilizarlo. Tiro ataque: 4. Tiro defensa: 2. Reintento: 1. Pierde 2 puntos de su reserva y tendría que gastar 3 para tirar de nuevo, pero utilizo una regla casera por la que los PNJ pueden gastar solo la mitad de su reserva (redondeada hacia arriba) en reintentos). Tiro ataque: 6, un éxito extraordinario. Floresse debería pagar 3 puntos de su reserva para contrarrestarlo, pero no puede porque solo tiene 4 y la regla casera impide que se gaste más de 2. Arimelle ataca con la lámpara. Tiro ataque: 2-1=1, error funesto, sufre una tasa de 2 y 3 para reintentar el tiro, así que no lo hace. Tiro ataque de Floresse: 3. Reintento: 6. El viajero no tiene puntos para contrarrestarlo. Tira defensa: 6, consigue una bendición cada vez que Floresse lo ataque. ¿El hombre intenta huir? Probablemente: 77, no. Saca la espada y ataca a Arimelle: 4. Tiro defensa (irritante): 6, el hombre carga contra ella y se golpea con la pared. Tira salud: 3. Reintenta: 1. Herido. Tiene una tasa de 2 a cualquier acción. Lanora sale del armario y ataca con su espada. Tira: 6. Tiro defensa: 5. Tira salud: 6. Arimelle le arroja la lámpara. Tiro ataque: 4-1=3. Reintento: 4-1=3. Floresse le arroja un frasco del tocador: 5-1=4. Tiro defensa: 5. Su defensa está a cero. ¿Ruega piedad? Casi con certeza: sí].

Floresse agarró al hombre por los brazos, pero este se agitó violentamente y consiguió liberarse. Arimelle volvió a atacarlo, pero su intento fue tan torpe que el viajero no tuvo ni que esquivarlo. Sí que tuvo que esforzarse para evitar un duro golpe que su hermana le intentó propinar con las dos manos unidas, algo que consiguió de forma casi milagrosa. Con rapidez sacó su espada de la vaina.

– Esa espada tan larga la llevas como compensación por tu diminuta polla, ¿verdad?- se burló de él Arimelle.

– ¡Maldita zorra!- gritó el hombre cargando contra ella.

La morena lo esquivó hábilmente y su atacante se estampó dolorosamente contra la pared. Se volvió, mareado, para encontrarse con que Lanora había salido del armario, literalmente, y lo atacaba con su ropera. Pudo esquivar la lámpara y un frasco de perfume que le lanzaron las hermanas, pero falló al intentar detener la estocada de la pelirroja, que le hizo un arañazo en la mejilla. Entonces, desesperado, arrojó su espada al suelo, se puso de rodillas y comenzó a suplicar.

– Por favor, señoras. No me maten. Si lo hacen, solo puede salir un gran mal de ello. ¿Cómo explicarían la presencia de un cadáver en su habitación? Me buscarán y cuando me encuentren aquí, ¿quién sabe lo qué puede pasar? ¿Qué dirán su esposo y sus hijos, al verlas convictas por tan luctuoso suceso?

[Tiro persuasión: 3. Reintento: 2. Reintento: 1].
Las cuatro mujeres lo contemplaron con disgusto. Después se miraron entre sí.

– Si no hacemos algo con él, nuestro plan se puede venir abajo- dijo Floresse. [¿Lo dejan vivir? Improbable: 54, no].

Arimelle tomó la espada de la mano de Lanora y, con una estocada rápida, atravesó el corazón del hombre. Mandry, que había permanecido durante toda la pelea asustada en un rincón, lanzó un gritito.

– Solucionado- sentenció la morena mientras limpiaba la espada en las ropas del hombre antes de devolvérsela a su dueña.

– ¿Y qué hacemos con él?- preguntó Mandry, señalando el cadáver.
– Lo mismo que haremos con Redmauldes- respondió Floresse con expresión sombría. [¿El ruido ha despertado a los niños? 50/50: 89, no].
– Entonces pongámonos en marcha- sentenció Lanora.

[Fin de la escena. Actualizo los registros. Escribo un resumen de la cuarta escena. Añado “Floresse” y “Arimelle” a la lista de personajes. No tiene sentido incluir al viajero porque ya está muerto. Disminuyo el factor de caos en 1].

[En la escena 5 escribo de nuevo como escena esperada: “Las mujeres ponen en práctica su plan”. Tiro D10: 6. Escena esperada].

Lanora se colocó delante del espejo del tocador y, mirando fijamente su reflejo, musitó unas palabras. [Tiro para ver si puedo realizar el hechizo: 3. Reintento: 2. Reintento: 2. Reintento: 5, ¡por fin!]. Su esbelta figura y sus hermosos rasgos comenzaron a cambiar. Su estatura disminuyó, su cuerpo se hizo más macizo, su roja cabellera desapareció. Incluso su ropa se transformó en aquella con la que había visto al dueño de la Posada esa noche: un chaleco de terciopelo verde oscuro, camisa y pantalones color crema, botas hasta la pantorrilla y un delantal como el que usaban sus esposas.

– ¿Qué os parece?- preguntó volviéndose hacia las hermanas. Y, al ver sus caras de horror e incredulidad, añadió-: Ya os advertí que pasaría esto. Venga, bajemos al muerto a la cocina.

[¿Son interrumpidas mientras bajan el cadáver a la cocina? Improbable: 100, no extraordinario].

Una vez hubo ayudado a las tres hermanas a bajar el cadáver del viajero a la cocina, Lanora volvió a esconderse en la habitación. Allí pudo volver a asimilar los dos hechizos que había usado, preparándose para poder lanzarlos de nuevo.

[¿Cilman permanece fuera toda la noche? Improbable: 45, no. ¿Vuelve acompañado? 50/50: 86, no].

Al cabo de un buen rato, Lanora oyó como alguien subía pesadamente las escaleras y se metía en la habitación de al lado. Poco después regresó Arimelle.

– Redmauldes ha vuelto- le dijo a la viajera.

– Esperemos a que se duerma- contestó esta.

No tuvieron que aguardar mucho para que unos sonoros ronquidos comenzaran a oírse desde el otro lado de la pared. La morena bajó a avisar a sus hermanas y pronto las tres volvieron a subir, armadas con grandes cuchillos de cocina. Las cuatro mujeres entraron en la habitación contigua. Lanora, con su espada desenvainada, permaneció junto a la puerta. Las otras tres se distribuyeron alrededor de la cama, cuchillos en ristre. La débil luz que entraba por el ventanuco les permitía ver a su marido tendido boca arriba sobre la cama, roncando rítmicamente. [¿Se arrepienten de lo que pensaban hacer? Casi imposible: 93, no extremo]. Dudaron por un momento, pero, repentinamente, Arimelle clavó su cuchillo con fuerza en el pecho del hombre. Fue como si una presa se rompiese y años de maltrato y humillación se desbordaran. Las tres mujeres clavaron sus cuchillos una y otra vez en el cuerpo de su esposo hasta que este quedó convertido en un amasijo ensangrentado apenas identificable como un ser humano. Una vez que se serenaron, entre las cuatro bajaron los restos del hombre a la cocina.

– Haremos lo mismo con él que con el cadáver del viajero- explicó Floresse a Lanora-. Quemaremos las ropas ensangrentadas en el fuego y, con la carne, prepararemos un estofado. Los restos que no podamos usar para cocinar, los mezclaremos con los desperdicios que se les echan a los cerdos. Pronto no quedará ni rastro de ellos.

[¿Tienen que conseguir un carro? 50/50: 72, no. ¿Carecen de conocimientos sobre cómo preparar y conducir un carro? Improbable: 54, no].

Poco antes del alba, las tres hermanas despertaron a los niños mayores.

– Isasch, coge a uno de tus hermanos, uncid los mermelants al carro y preparadlo para salir- ordenó Lanora al mayor de los chicos, un muchacho de trece o catorce años, hijo de Mandry.

El chico se apresuró a cumplir la orden, ya que Lanora parecía, a todos los efectos, su padre: su aspecto, su voz, su forma de moverse, eran iguales. “Hasta huelo como él”, pensó la pelirroja con una mueca de disgusto.

Las tres hermanas cargaron en el carro todo lo que consideraron que podían necesitar para un largo viaje y, una vez estuvieron preparadas, despertaron al resto de los niños y se dispusieron para salir. Lanora le dijo a Isasch que guiara el carro y se subió a su lado en el pescante. Ya había amanecido y el guardia de la puerta había abierto la entrada de la empalizada. Aquel día era Ripkiss quien ocupaba ese puesto. [¿Los para antes de salir? Probable: 23, sí. Vaya, se acabó la racha de noes].

– ¿A dónde vais tan cargados, Cilman?- preguntó el campesino devenido en guardián.

– A Susheg. Voy a dejar allí a mi familia con unos conocidos hasta que estemos seguros de que esa bruja no ronda por aquí- contestó Lanora-. Yo estaré de vuelta en unos días.

Ripkiss escupió a un lado ante la mención a la bruja. Luego pareció recordar algo repentinamente.

– ¿Y la Cabeza?

– ¿Qué le pasa a la Cabeza?

– ¿Cómo podremos utilizarla cuando tú no estés?

– ¡Deja en paz a la Cabeza! Yo estaré de vuelta en unos días, ya te lo he dicho. Podéis pasar hasta entonces sin la Cabeza.

– Ripkiss, hicimos una gran olla de estofado para el viaje- interrumpió Floresse-, pero era demasiado y ha sobrado un montón. Está en la cocina de la Posada. Puedes coger algo, si quieres.

[Tiro Persuasión: 6].

El guardia pareció olvidarse de la Cabeza y, relamiéndose por anticipado ante la perspectiva de un buen plato del estofado de Floresse, los permitió pasar. Una vez abandonaron el poblado, Isasch preguntó:

– ¿A dónde vamos, padre?

– Hacia el sur, a Susheg- contestó Lanora. Y luego añadió para sí-: Y, desde allí, a Kaiin y a Miir.

[Y aquí termina la aventura de La Posada de la Cabeza de Hierro. Obtengo un punto de experiencia por jugar y otros dos por el lema que introduje en la narración. Creo que era apropiado a la situación, pero, desde luego, no suscitó emoción alguna en mí ni, a buen seguro, en aquellos que puedan leer este texto.

Mi impresión sobre el juego: el sistema es excesivamente complejo. A toro pasado, he detectado varios errores en la partida debidos a su barroco conjunto de reglas que hace que te despistes entre todos sus detalles. Pero, como ya dije, me gusta mucho la ambientación y el sistema de tentaciones me parece que puede dar mucho juego. De hecho, hubo un momento en el que pensé que la partida iba a convertirse en una insulsa estancia en una posada y gracias al fallo en resistir la arrogancia se complicó el asunto. Cierto es que el sistema de tentaciones puede hacer que la partida se despeñe rápidamente en una vorágine de asesinatos gratuitos, violaciones y pillaje. Lo que no estaría en desacuerdo con la ambientación, por otra parte. Creo que podría funcionar muy bien adaptándolo para Ironsworn. También me ha encantado “The Scaum Valley Gazetteer”, de donde saqué toda la información sobre la Posada del Hombre de Hierro, fundamental para ambientar la partida].


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