Malditos


Presentamos esta partida de Dácil Muñoz, que ha jugado a Malditos de Santiago Eximeno y publicado por el Refugio de Ryhope.

Si quieres estar al día de sus creaciones, puedes seguirla en XBluesky y su blog.

Recordamos que las bases la podéis encontrar aquí.


Partida

1. Diario de maldiciones maldito 

Objeto: a simple vista parece una libreta encuadernada con tapas negras muy corriente, pero en cuanto la abres notas una corriente eléctrica que te une a ella hasta que consiga lo que quiere. 

A partir de ese momento tienes 13 días para registrar otros tantos objetos malditos. De lo contrario se cobrará la deuda con tu alma. 

La entrega: la libreta apareció hace unos minutos sobre mi escritorio. ¿Quién la dejó ahí? No lo sé. Pero no tardé ni un minuto en abrirla.

¡Maldita curiosidad! En ese momento supe lo que tenía que hacer para esquivar un destino terrible. La libreta me lo dijo, aunque no con palabras. He decidido comenzar el registro con la mismísima libreta maldita, que, en realidad, es un diario en el que registra objetos de su misma naturaleza.

Origen: No me he quedado quieta. Necesito saber de dónde viene el diario. Quizás así pueda romper la maldición antes de que me topé con un objeto más peligroso aún. Inicialmente era el diario de registro de una casa de subastas, que terminó sus días devorada por las llamas. O eso se cuenta en la ficha del primer objeto maldito registrado: una cerilla de fuego infernal.

Lo que no aparece en ningún lado es la identidad de la persona que inició el diario. Ni si consiguió plasmar la firma de 13 objetos malditos antes de 13 días.

La maldición: el libro me susurra mientras duermo. No emite palabras, pero aun así lo entiendo. Me urge para que le dé lo que quiere. Ese primer objeto maldito que alguien registró sin conocer su fatídica naturaleza le dio algún tipo de conciencia maligna que se alimenta de maldiciones. Estoy durmiendo con un vampiro insaciable en mi mesita de noche. Me urge para que encuentre el siguiente objeto. Tiene hambre y le vale igual una jugosa maldición que una sabrosa alma. 

Afortunadamente para mí, hay reglas y está obligado a respetarlas.

Evidencias: Ya sé quién fue esclavo de los deseos del diario antes que yo. En el registro anterior hay un rostro dibujado. El rostro del máster que dirigió la partida de rol a la que me apunté en las jornadas del fin de semana pasado. Estaba segura de que me sonaba. ¿Significa eso que no lo consiguió? ¿Qué el diario devoró su alma y ahora me ha elegido a mí? 

Tengo miedo de no conseguirlo yo tampoco. Cada vez que miro el dibujo, la expresión cambia. Y todas son aterradoras.

Reglas: Además de tener que registrar 13 objetos malditos en 13 días, he descubierto dos reglas más que debemos cumplir, tanto el diario como yo. La segunda es que debo tenerlo cerca. Si nos alejamos nos duele. Sus gritos me llegan nítidos a la mente esté donde esté. La última regla es que no puedo escribir nada en él que no esté relacionado con objetos malditos. Desaparece de sus páginas y aparece sobre mi piel como si me lo grabaran con un cuchillo. Estoy segura de que la lista de la compra me va a dejar cicatriz. 

La donación: Cuando logre registrar los 13 objetos, le regalaré el diario a mi jefe. Va a lamentar haberme explotado al máximo durante tantos años. Dentro de 13 días es su cumpleaños. ¡Qué casualidad!

2. Maletas de viaje devora colores y almas

Objeto: Maleta pequeña de aspecto antiguo con correas de cuero negro y cierres de bronce. Tiene un bonito color rojo cereza, o quizás, sangre. 

La entrega: Me la encontré al lado de los contenedores de basura. La mía apareció rota cuando la saqué para el viaje de trabajo del fin de semana. ¡Es el destino! Es anticuada y se agradecerían unas ruedas para no tener que cargar con ella, pero me ha salido gratis. En ese momento no sabía que estaba maldita. 

Origen: Al abrirla he encontrado con una tarjeta con un nombre. Pensé que sería el de la persona que la tiró a la basura, pero al buscarlo en internet vi que el Grigori Yefimovich llevaba muchos años muerto y que era el nombre completo de alguien más conocido como Rasputín. Se me han puesto todos los pelos de punta.

La maldición: A pesar de todo metí mi ropa y el neceser dentro de la maleta y me la llevé al viaje. Mi cuenta corriente no está muy boyante y no me viene nada bien comprarme una maleta de viaje ahora mismo.

Me arrepentí de mi decisión cuando la abrí y me encontré toda mi preciosa ropa de color negro. ¡No! No era negra cuando la metí. Yo soy más de colores alegres. Haciendo de tripas corazón, me vestí con lo que tenía, muy al estilo siniestro, porque tenía que acudir a ver a mi primer cliente. 

Inmediatamente sentí un frío polar extremo. Mi piel adquirió una tonalidad azul y comencé a temblar, creo que también un poquito por el miedo. No me quedó más remedio que volver a ponerme la ropa sudada del viaje. Ahora voy a tener que comprarme otra maleta y… ¡ropa!

Evidencias: Mi primera clienta me ha creído cuando le he contado por qué venía oliendo a sudor. Por lo visto es vidente y asegura que no es la primera vez que escucha hablar sobre la maleta. Según ella, es un objeto maldito que viaja del mundo de los vivos al de los muertos, y viceversa, como Pedro por su casa. Me ha recomendado que me deshaga de ella. Por lo visto, el frío aumenta si la mantienes cerca y puedes tener una de esas muertes a las que llaman dulce, pero que a mí no me apetece nada. Dos de los espíritus con los que habla fueron víctimas de las maletas. Normalmente no me lo creería, pero visto lo visto…

Reglas: suele aparecer ante ti cuando necesitas una maleta. Nunca la cojas (ups).

No metas ningún objeto personal dentro o te drenará la energía vital cada vez que los uses (Nooooo).

Si has hecho lo indicado anteriormente, debes alejarte todo lo que puedas de ella. Si está en la misma habitación que tú te congelará hasta la muerte. 

La donación: La dejé “olvidada” en el bar del hotel.

3. Linterna alumbra espíritus

Objeto: Linterna de tamaño medio, cilíndrica y de diseño sencillo. Es amarilla con 3 líneas gruesas negras y un botón de encendido y apagado rojo. Debe de ser antigua, porque tiene bombilla en vez de LED. Funciona a pilas, pero debe tener otra fuente de energía, porque no tiene ninguna y aun así funciona. Tengo un mal presentimiento respecto a esto. 

La entrega: Estaba en la ruinosa casa que mi cliente seudo médium tiene esperanzas de que le vendamos. 

Origen: Me contó que había pertenecido a su hermano, desaparecido en extrañas circunstancias, muchos años atrás, mientras jugaba a cazar espíritus con esa misma linterna. 

La linterna la encontraron, al niño no. 

La maldición: La casa está un poco lejos de la civilización. Eso sumado a que en invierno anochece muy pronto y que el sistema eléctrico fallara, nos dejó oscuras. Casualmente me había quedado sin batería en el móvil, así que eché mano de la linterna, medio escondida tras los libros de la estantería, antes de que la dueña pudiera advertirme. 

Nada más encenderla apareció una especie de humo blanco con sombras semejantes a rostros y los tres nos pusimos a chillar: la dueña, la linterna y yo.

Sí, la linterna chilla. Está maldita. ¡Sorpresa! Por lo visto, tiene la capacidad de iluminar el inframundo. 

Evidencias: La dueña seudo médium me explicó los antecedentes de la linterna y su relación con su hermano. Tras lo cual me pidió que la encendiera de nuevo. Yo ni loca, pero me la arrebató y la encendió ella. 

Resulta que uno de los rostros fantasmales le recordaba el de su hermano. Estaba examinando las espeluznantes formas cuando el humo se la tragó, la linterna se cayó al suelo y se apagó. 

Reglas: No encenderla si no quieres ver fantasmas.

No encenderla si no quieres que los fantasmas te vean a ti.

No encenderla durante mucho tiempo para que no ser tragado por el humo del inframundo. 

La donación: Lógicamente, la dejé donde había caído y me fui de la casa sin mirar atrás. Tuve que andar mucho hasta la parada de autobús. Con mi móvil muerto fue imposible pedir un taxi. Creo que no volví a respirar con normalidad hasta que monté por fin en el bus. La sensación de que los espíritus de la linterna maldita me perseguían desapareció poco después. A mi jefe le diré que nadie me abrió la puerta. Espero que lo que visite mañana sea más normal, aunque se agradecen los objetos malditos para registrar en este diario.

4. Baúl voraz

Objeto: Baúl grande de madera oscura con cantones de hierro bastante oxidado y cierre sencillo. Al abrirlo se puede ver una hilera de dientes afilados por todo el canto de la abertura y la tapa, además de una larguísima lengua del mismo terciopelo del tapizado interior. 

La entrega: Estaba en la casa que quería vender mi segundo cliente. 

Origen: El baúl pertenecía al último inquilino del inmueble. Era un fanático del rol y lo compró en un mercadillo porque le recordaba a un mimeto. No lo era, pero sí que estaba maldito. 

Maldición: Mi excliente se tropezó con él, le entró curiosidad por ver que había dentro, lo abrió, fue atrapado por la lengua de terciopelo, masticado y devorado por el baúl; que volví a cerrar en cuanto terminó su festín. Conclusión: el baúl maldito devora almas, con cuerpo y todo, dejando todo perdido de sangre y vísceras. 

Evidencias: Tras el incidente busqué en internet casos de asesinatos violentos en los que no se hubieran encontrado el cuerpo de las víctimas, pero sí un baúl en todo el medio del charco de fluidos corporales. Me costó un poco porque encontré muchísimos resultados. Algunos muy surrealistas, otros muy macabros… 

Finalmente encontré algo muy interesante. En la casa de la que me encontraba, el inquilino desapareció misteriosamente y, al acceder al inmueble, encontraron un baño de sangre. Las pruebas indicaron que la sangre pertenecía a dicho inquilino. El baúl pasó desapercibido porque el resto de los muebles también estaban decorados estilo peli gore, pero yo lo detecté enseguida en la foto del artículo y parecía… ¿sonreír? 

Reglas: No te acerques, por si acaso. 

No lo abras en ninguna circunstancia. 

Si lo ha abierto otra persona, aprovecha cuando se lo ha comido para cerrarlo o serás su siguiente comida. 

La donación: Admito que pensé en llevármelo para invitar a unos cuántos desgraciados a abrirlo, pero pesaba muchísimo y sentí la urgencia de borrar mis huellas e irme de ahí lo antes posible. Tendré que decirle a mi jefe que aquí tampoco me abrieron la puerta. 

Me lo imagino abriendo el baúl y me entra la risa tonta. Para una vez que le encuentro utilidad al objeto maldito y tengo que dejarlo donde lo encontré. Sé que él también lo sintió. Hubiera sido una relación win win. Él calma su hambre y yo me libro de indeseables. En fin, una pena. Aunque me sirve de registro para el diario. Esto va de lujo. Me he convertido en un imán para objetos malditos. Solo espero que ninguno me mate.

5. La baraja cambiante atrapa almas

Objeto: Baraja española con el anverso típico en rojo. Algunas de las figuras presentan rostros atípicos con expresiones extrañas.

La entrega: Me la regaló un viajero del tren tras proponerme jugar una terrorífica partida al póker. 

Origen: El desconocido me contó que el pintor Augusto Reus hizo un pacto con el diablo para que sugestionara al litógrafo Heraclio Fournier con el fin de cambiar el diseño de la baraja española, galardonado en la Exposición Universal de París, por los suyos. A cambio, el diablo maldijo el primer prototipo para conseguir almas. 

La baraja es una antesala al infierno. Cuando se llenan las doce figuras, las almas van al averno y se vuelve a empezar cambiando de dueño. 

Maldición: Durante mi viaje de vuelta a casa, un desconocido se sentó a mi lado, algo que me fastidia bastante, porque el vagón iba vacío. Pensé que sería el típico baboso, pero no… por desgracia.

Me propuso una partida de póker y acepté la idea encantada. Así el viaje sería menos aburrido y, a lo mejor, hasta ganar un dinerillo. No se me daba mal. Por si acaso, le pedí que me dejara examinar la baraja. No fueran a estar las cartas marcadas. 

Mientras las comprobaba, una por una, me contó el tema de la maldición, pero ya no podía echarme atrás. Una vez aceptada la partida, el que se retiraba perdía y el que pierde acaba convertido en figura de la baraja. 

Por lo visto, el dueño de la baraja solo puede deshacerse de ella de dos maneras: 

  1. Rellenando las doce almas y pasándoselas a otro.
  2. Perdiendo la partida y siendo absorbido por la baraja que lo convierte en figura.

El ganador se convierte en el nuevo dueño y debe rellenar las almas que faltan. ¡Pues sí que estamos apañados! 

Reglas: Ganar para no convertirte en figura. 

Rellenar las doce armas antes de que el diablo se canse de esperar. 

No tener malos pensamientos o las cartas de tu mano cambiarán jorobándote la mano.

Donación: Agobiada ante la perspectiva de convertirme en Sota para luego asarme en el fuego del infierno, me empezaron a entrar sudores. Así que abrí la ventana para refrescarme sin darme cuenta de que estaba abierta la de enfrente. Las cartas salieron volando y algunas se colaron por la otra ventana. 

Quise disculparme con el viajero, pero desapareció tras dedicarme una mirada incredulidad y terror. A mí no me pasó nada. Seguramente, la baraja no tendría previsto este tipo de accidentes y estuviera deliberando. 

Yo, por si acaso, dejé todo como estaba y me bajé en la siguiente parada. No era la mía, pero más vale comprar otro billete que acabar como figura en una baraja de cartas maldita.

6. El ojo vislumbra maldades que anima a asesinar 

Objeto: Ojo con el iris de muchos colores. En la parte exterior es gris oscuro y se va aclarando y mezclando con azul celeste. En la parte interior tiene extrañas rayas marrones sobre un fondo que va del color pardo el amarillo. En el fondo de la pupila se aprecia una especie de neblina blanca. 

La entrega: Está en la cara de mi hermano, que vino a casa a tomar un café. 

Origen: Mi hermano es archivero en la biblioteca de la Facultad de Filología más prestigiosa de la región. Me contó que les había llegado un libro muy extraño. Solo lo miró de reojillo y el ojo izquierdo le cambió de color. El otro sigue siendo marrón oscuro. 

Maldición: dice con el ojo raro ve cosas terribles. Por ejemplo, asegura que tengo un aura negra con algo parecido a ojos y una sonrisa llena de dientes que me rodea. ¡Ah! Y también ve mis manos llenas de sangre. Doy mucho miedo. Me ha confesado que lleva un buen rato reprimiendo las ganas de matarme por eso de que somos familia y tal. 

Desde que le cambió el ojo se siente poderoso, pero le pica un montón. 

Reglas: Para obtener el ojo maldito hay que hacerse con un libro maldito primero. Lo tiene mi hermano y me va a venir de lujo para registrarlo en el diario. 

Cuanto más se mira el libro más poderoso se vuelve el ojo. Mi hermano lo ha debido contemplar bastante. 

¡Advertencia! El libro solo maldice el ojo si miras una página en concreto. 

¡Segunda advertencia! Cuidado con la sal. 

Evidencias: Mientras tomábamos el café, le pedí a mi hermano que me contara más sobre su ojo y que, por favor, abstuviera de matarme. Si lo hiciera, me convertiría en su tercera víctima. 

A la primera la estranguló a traición entre los estantes de la sección de ética. Era un estudiante que el ojo detectó como esas que no hacen nada en los trabajos de grupo y se lleva la nota de igual forma. 

La segunda víctima fue su jefe, al que veía como un oscuro demonio. Le metió un bote de laxantes, que había comprado solo con ese fin en la farmacia, en el café. ¡El bote entero! Debería presentarle a mi jefe. 

Donación: Como se quejaba mucho del picor me dio penilla y me ofrecí a echarle un poco de suero, pero nada más hacerlo se puso a aullar como un loco y a querer arrancarse el ojo. Hasta sangre se hizo el muy bruto. Y a mí me estampó contra la pared de un empujón, pero se lo perdono porque le debía de estar doliendo bastante. 

Cuando se calmó comprobé que el ojo había vuelto a la normalidad. Los dos hemos llegado a la conclusión de que puede haber sido por la sal de la composición del suero. En muchas pelis de terror la presentan como muy efectiva contra las maldiciones, brujas, espíritus… 

Mi hermano intentó volver a mirar el libro, que había robado y llevaba en su mochila. Le di una colleja y se lo quité. Al final me iba a acabar matando, el muy… 

Todo acabó con un billete a Buenos Aires para él, que me salió por un ojo de la cara, y el libro maldito para mí. Le aconsejé que se diera prisa en coger el avión antes de que la policía atara cabos.

7. El libro de las 1000 maldiciones asesinas

Objeto: Libro de bolsillo de tamaño estándar y de grosor variable, ya que cambia según los gustos del portador. Lo mismo ocurre con el diseño de su portada, contraportada y lomo.

Cada uno ve algo diferente. Yo veo a un grupo de aventureros sonrientes y un título que reza “comienza la aventura”. Debajo pone “léeme y conocerás una mazmorra alucinante. Puede que hasta encuentres un tesoro”. A pie de foto aparece el nombre de la editorial, “Ediciones malditas, S.A.”, y en la contraportada este mensaje “Libro totalmente inofensivo. Cualquier daño causado al lector, u a otra gente, es responsabilidad del propio lector”.

La entrega: Me lo dio mi hermano, el archivero, antes de huir del país para asesinar a dos personas. Él asegura que vio un libro sobre mindfulness. 

Maldición: Para registrarlo en este diario, he tenido que abrir el libro y he descubierto que la maldición que te echa es diferente según la página que miras, pero todas despiertan tus ansias asesinas.

Ese sentimiento crece cuanto más mires esa página concreto. En mi caso, tuve una mano demoniaca extrafuerte, una lengua de serpiente que se estiraba mogollón, unas orejas puntiagudas que escuchaban lo que la gente no quería decir, una voz en mi cerebro que me se susurraba ideas muy creativas para matar y un pelo ideal. 

Esa última maldición me la hubiera quedado si no fuera porque le cruzaba la cara a todo aquel que me lo tocaba. Y me lo tocaba todo Dios. Supongo que en eso consistía esa maldición. 

Evidencias: Las últimas páginas estaban dedicadas a casos de éxito muy creativos e inquietantes. En todos, el poseedor del libro acaba muy mal. Solo diré que, seguramente, hubieran preferido la muerte. 

Reglas: Con una funda guardalibros se anula la irresistible tentación de abrirlo. 

No intentes destruirlo. Se enfada y convierte las ansias asesinas en suicidas. 

Todas las maldiciones se quitan echando sal en la parte afectada. 

No subrayes, ni hagas anotaciones, ni dobles páginas. El libro emitirá una risa malvada durante días que hará que te entren ganas de reventarte los tímpanos. Da igual que te alejes. Seguirás oyendo las malditas carcajadas. 

Donación: Lo doné a una biblioteca pública. Me río cada vez que me imagino a un bibliotecario diferente encontrando el libro SIEMPRE en el estante equivocado. 

Si sube el nivel de asesinatos de tu barrio, seguramente será porque doné el libro a tu biblioteca. No querrías que lo dejara en la de mi barrio, ¿no? ¿Estamos locos?

8. La cantimplora vitivinícola cutre

Objeto: Cantimplora de buen tamaño. Parece de aluminio, pero no soy experta en materia prima de cantimploras. Tiene forma redondeada y una funda verde de fieltro. El tapón está unido al cuerpo por una cadenita.

La entrega: Después de la exclusiva investigación sobre el libro maldito necesitaba desconectar, así que quedé con una amiga y nos fuimos de picnic al parque. 

De repente nos arrollaron tres niños borrachos. La madre corría detrás de ellos con cara de querer sacar la zapatilla y practicar tiro al niño. Le ayudamos a atraparlos mientras el padre miraba, daba instrucciones y lanzaba reproches a su mujer por haberse confundido y haber rellenado la cantimplora con vino en vez de con agua. A lo que ella contestaba rugiendo que estaba completamente segura de haberla llenado con agua. 

Cuando acabábamos de atrapar a los pequeños beodos, le pedí la cantimplora a la madre. Algo me olía mal. Concretamente a vino de garrafón. ¡Puag! Ya podría haber sido reserva. 

Vacíe la botella en un seto y la rellené en la fuente. Volví a oler el contenido y percibí de nuevo el tufo a vino regulero. Lo que sospechaba: objeto maldito al canto. La madre no tuvo ningún reparo en regalárnosla. 

Maldición: La cantimplora no solo convierte el agua en vino al estilo Jesucristo. Además, una sola gota de ese vino te transporta a un estado de embriaguez extremo con todo lo que ello conlleva.

Mi amiga me convenció de probarlo, por si no sabía tan mal como olía. Cuando recuperé la consciencia solo recordaba retazos de lo que había acontecido después: morder a un pato, bailar desnudas en el lago, abrazarme llorando a un policía… en fin. Preferiría no recordar absolutamente nada. Esta maldición tiene muy mala leche. 

Evidencias: 

Los niños borrachos y el informe policial.

Tenemos el juicio por vandalismo y exhibicionismo en un par de meses. 

Reglas: 

Cuando la cantimplora esté llena hay que guardarla en un lugar fresco donde no de el sol directamente u obtendremos un asqueroso vinagre. 

Se debe beber directamente de ella porque, si se vierte en otro recipiente, el vino se vuelve a transformar inofensiva agua. 

Tener cuidado con el consumo del vino. Una sola gota emborracha nivel GOD, pero según la cantidad ingerida así durará el estado ebrio del bebedor.

Donación: Cuando salimos de la celda nos devolvieron todos los efectos personales que habían podido encontrar. Entre ellos, la cantimplora.

Al final se la quedó mi amiga para hacer una broma en la fiesta de cumpleaños de su suegra.

9. La habitación maldita por culpa de unas cenizas

Objeto: Al final, el objeto maldito resultaron ser las cenizas funerarias de un tal Peter Dinsdale. Eran gris claro y con apariencia similar al polvo. En su origen estuvo contenida en una urna funeraria, pero de ella solo hemos encontrado una placa de chapa con el nombre del difunto y la fecha de su muerte y algunos trocitos muy pequeños que indican que era de cerámica y de color gris oscuro.

La entrega: Cuando un compañero de trabajo me contó que su habitación intentaba quemarlo vivo y me invitó a visitarlo porque había notado que últimamente me interesaban las cosas raras, pensé: “Menuda forma cutre de ligar”. 

Pero el terror que intentaba disimular me convenció para echar un vistazo. Necesitaba cinco objetos malditos más para liberarme de la influencia del diario y maldito, valga la redundancia. 

La maldición: En cuanto las cenizas detectaban presencia humana se las arreglaban para empezar un fuego. Y eso que lo tenían difícil con mi compañero de curro. Ni fumaba, ni tenía velas y su cocina era de vitro. 

Aun así, de repente surgieron unas llamitas y tuvimos que estar avispados, porque lo que sí tenía era un montón de porquería inflamable por todo el cuarto. El hombre era un guarro de cuidado. 

Evidencias: No resultó fácil entre tanta basura, pero buscando algo que me hiciera comprender cómo funcionaba la maldición encontramos los trocitos de la urna y la chapa. 

Es suponer que las cenizas se encontraban desperdigadas por la habitación, perfectamente camufladas entre las gruesas capas de polvo. Buscando en San Google, que todo lo sabe, descubrimos que el tal Peter Dinsdale había sido un asesino en serie pirómano que se había cargado, al menos, a 26 personas quemando sus casas y que, visto lo visto, iba a por la 27 después de muerto. 

Reglas: No sacar las cenizas del muerto de la urna. Por lo visto, fuera del tarro son capaces de invocar al espíritu del que fueron en vida. 

No desperdigar las cenizas por toda la habitación. Eso le da poder y es imposible prever el próximo punto en el que surgirá el fuego. 

Para deshacer la maldición hay que deshacerse de las cenizas. 

Donación: Dejamos todo como los chorros del oro, aunque no veas lo que costó. Sobre todo a mí, porque el compañero, además de guarro, vago. 

Parte de las cenizas se fueron por el retrete y parte a los contenedores. Al final, mi compañero sí que quería ligar y propuso pagarme el favor en carne, pero solo se llevó una patada en los huevos. Para mí, es suficiente pago el poder registrar otro objeto maldito en el diario y alejar la posibilidad de que acabe devorando mi alma.

10. El cuadro vampiro

Objeto: Se trata de un lienzo, en formato cuadrado de 30 x 30 cm y con la pintura en acrílico, del inquietante rostro de algo parecido a un alien antropomorfo sin ojos y con la boca abierta en forma de “O”. La figura tiene un color de piel rojiza y el fondo es azul.

La entrega: Apareció en la pared del despacho del director del departamento de Administración y Contabilidad. Ya era malo cuando te pedía que te reunieras con él, pues ahora peor. Tengo la sospecha de que lo puso ahí con el fin de intimidarnos. 

La maldición: El director me llamó para indicarme por qué no iban a pagarme los gastos de aquel viaje repleto de objetos malditos. Me lo esperaba y tenía preparada una respuesta contundente, pero en vez de defender mis derechos a capa y espada me quedé embobada con la vista fija en el cuadro. 

Cuanto más tiempo pasaba, más ganas me entraban de pincharme un dedo y pasarlo por esa negra boca. Busqué algo con lo que poder rasgarme la piel, pero cuando localicé una estilizada pluma que podría servir a mis propósitos, el director me echó dando por finalizada la reunión. 

Evidencias: Pasé el resto del día un poco aturdida y preguntándome qué demonios había pasado. La respuesta estaba clara: ¡era un objeto maldito!

Yo estaba dispuesta a todo para registrarlo en el diario. Intenté reunirme con el director. En su despacho, obviamente. Pero no hacía más que darme largas. Supongo que pensaba que mi intención era volver a sacar el tema del viaje, pero a mí me interesaba más salvar el pellejo que el dinero. 

Así que insistí a lo bestia. Al final me citó casi al final de la jornada por cansina. Seguramente tenía pensado alegar que tenía prisa por irse de la oficina para librarse de mí. No me importaba. Yo solo quería examinar el cuadro de cerca y hacerle unas cuantas preguntas. Pero me quedé con las ganas. 

Cuando entré al despacho me lo encontré acariciando el cuadro con las manos llenas de sangre y una cara de loco que asustaba. No logramos sacarle del trance, así que se lo han llevado en ambulancia al manicomio. Yo he aprovechado para hacer una foto al cuadro, que parecía haber absorbido toda la sangre, y buscarlo en Google imágenes. 

Se trataba de un cuadro maldito famoso: The Anguished man. 

Reglas: 

Para que el cuadro ejerza su influencia en la víctima tiene que estar a la vista. 

Donación: Mi jefe quería tirarlo porque a todos les daba muy mal rollo, pero yo se lo pedí y me lo dio sin poner ningún problema. Se ve que estaba deseando perderlo de vista.

Lo puse en Wallapop y a los dos minutos ya lo había vendido por una pasta y sin regateo. No sabía que existía un más que lucrativo mercado de objetos malditos. La gente está muy loca.

11. La maldita llave del despiste

Objeto: llave de aluminio de tamaño medio con cabeza cuadrada y de esquinas redondeadas. 

La entrega: Fue la copia que me entregó el dueño de la casa para que la enseñara a los posibles compradores. 

La maldición: Terminé de enseñar el piso a una joven pareja y cerré la puerta con llave dando las cuatro vueltas que permitía como máximo la cerradura. Cuando me di la vuelta, me asaltó una duda terrible. ¿Había cerrado todas las ventanas? La parejita me aseguró solícita que no había abierto ninguna. Claro, ¿para qué iba a abrirla? Asunto zanjado. 

Pero… ¿había cerrado la llave del gas? De nuevo, la parejita me hizo ver que no había tenido ninguna necesidad de abrirla, así que tampoco de cerrarla. 

¿Y los grifos? ¿Hemos abierto alguno? ¡Qué no! Me parece que acabé con su paciencia. En cuanto desaparecieron por la escalera, volví a abrir la puerta para comprobar que la vitrocerámica estuviera apagada. Lo estaba. Salí. 

Volví a cerrar la puerta y empecé a dudar de si me había dejado el bolso dentro. Así que volví a abrir No me lo había dejado. Lo tenía colgado del hombro. Entonces dudé de si había apagado la caldera. Y ahí seguiría si no hubiera llegado el dueño y me hubiera arrastrado fuera de la casa. 

Evidencia: El dueño me contó que me había dado sin querer la copia de llaves de su difunta esposa, que era extremadamente despistada. Poco después de que su mujer falleciera, se las dio a uno de sus hijos para que le cuidara al gato durante una escapada de fin de semana. A su vuelta se lo encontró en la puerta, en estado de shock y girando sobre sí mismo.

El gato se había escapado y nunca lo volvieron a ver. ¡Ah! Y al chico lo internaron en un psiquiátrico durante un mes y como nuevo. 

Reglas: Nunca usar las llaves sin ir acompañado de alguien que te arranque del bucle infinito de despistes.

Donación: La casa se vendió a la parejita de aquel día y la llave maldita no se incluyó en los juegos que se les entregó. Cuando pregunté al dueño al respecto me dijo que quería guardarlas como recuerdo de su mujer. Mira que hay gente rara en el mundo.

12. La loca dentadura mordedora

Objeto: dentadura postiza que combina una placa de resina con dientes humanos. 

La entrega: Hacía mucho que no veía a mi abuela, así que fui a visitarla con una bandeja de dulces. Le hizo mucha ilusión y sacó su dentadura postiza para poder dar buena cuenta de ellos. Mientras me explicó que justo acababan de dársela en la clínica dental. Se la colocó y… ¡en qué momento!

La maldición: En cuanto se la ajustó, mi abuela salió despedida de forma muy extraña hacia adelante. Pasó de los pasteles, ¡con lo que le gustan!, y directamente hincó los dientes postizos en mi brazo, que había levantado frente a mi cara para protegerme. 

Muerta de dolor, le pedí a mi abuela que dejara de mordisquearla, pero solo me contestó: “gñi gñi gñi”. Creo que se estaba ahogando con mi sangre. Con mucho esfuerzo, conseguimos sacarle la dentadura de la boca entre las dos. Solo entonces, dejó de masticarme. 

Menuda sangría me había hecho en el brazo. Menos mal que no había alcanzado mi cara. La herida me iba a dejar cicatriz, seguro. 

Mi abuela me hizo un apaño de primeros auxilios muy efectivo.

Evidencias: Muy indignadas nos presentamos en la clínica dental a reclamar. Allí nos atendieron muy amablemente, se disculparon y nos ofrecieron cambiar nuestra dentadura por otra Deluxe de altísima gama, con un diente de oro incluido, si prometíamos discreción. 

No querían soltar prenda, pero les convencí bajo amenaza de llamar a la policía. Finalmente me confesaron que habían pillado a uno de sus dentistas cambiando los dientes de porcelana de las dentaduras postizas por otros humanos. 

Concretamente, los de mi abuela habían pertenecido en vida a un tal Stephen Griffiths, un famoso asesino caníbal que hacía rituales con los cuerpos de sus víctimas antes de comérselas. Eso lo explicaba todo. Bueno, más o menos.

Reglas: Colocársela bien en la boca si la intención es morder a alguien hasta su muerte. 

Para desconectarla, simplemente hay que retirarla de la boca. 

¡Advertencia! Mucho cuidado al colocarla. Existe un alto riesgo de morderse la lengua. 

Donación: Los encargados de la clínica dental insistieron en quedársela. A cambio, además de la dentadura Deluxe, le proporcionarán a mi abuelatodos los tratamientos dentales que necesite In Aeternum. Huelga a decir que yo también tengo mi salud dental cubierta de por vida-

Lo que fue jodido fue explicar en el hospital cómo me hice la herida del brazo.

13. Guardapelo invasivo asesino con pelo dentro 

Objeto: Guardapelo de plata ennegrecida y forma ovalada con un botón para abrirlo muy adornado y sin cadena. En la tapa tiene garabatos. 

La entrega: No iba a dejar mi vida en manos de la suerte, así que pedí en Wallapop varios objetos que tenían pinta de estar malditos: un pastillero, un relicario, un camafeo, un guardapelo… solo este último resultó no ser un timo. Me llegó por correo.

La maldición: nada más recibirlo, lo abrí esperanzada. Dentro tenía un asqueroso mechón de pelo rojo. ¡Qué asco! Lo tiré a la basura muy desilusionada y me fui a dormir una siesta reparadora. 

Desperté con la sensación de que me asfixiaba. Solo que me asfixiaba de verdad. Algo me había rodeado el cuello y apretaba con fuerza. Abrí los ojos y comprobé que era el pelo que había tirado a la basura. Estaba por toda la habitación. Con esfuerzo, conseguí sacar un kit de manicura y cortar el pelo que me aprisionaba con las tijeritas. Me costó la vida.

La cabellera seguía creciendo e intentando atraparme. Sin pensármelo mucho, cogí el diario y un mechero que tenía por ahí y salí por la ventana. Sabes eso que dicen de que el pelo no se quema, sino que se chamusca. Pues este ardía, pero bien. Me deslicé por la cornisa y tuve la gran suerte de encontrar abierta la ventana de la vecina. 

Evidencia: Menudo susto le dí a la vecina cuando me dio aparecer en su casa. Menos mal que no puso reparos en buscar información sobre el guardapelo en su móvil. Afortunadamente, el vendedor aún no había retirado la foto de su perfil. Google imágenes encontró la foto y la historia del objeto. 

Por lo visto, guardaba el pelo de Alice Kyteler, la primera mujer condenada por brujería en Irlanda Por lo visto, tenía contactos con demonios.

En esas estábamos cuando nos llegó el tufillo a humo y unas sirenas que cada vez se oían más cerca. 

Reglas: La maldición se inicia cuando el pelo se saca del relicario.

La única manera de parar la maldición que he descubierto ha sido con fuego. No ha quedado pelo para comprobar otros métodos. Ni pelo, ni apartamento, ni edificio… 

Donación: me corté un mechón, lo metí en el guardapelo y a Wallapop. Voy a necesitar todo el dinero posible ahora que lo he perdido todo. Al menos. estaba de alquiler. La policía aún no ha encontrado indicios de lo que inició el fuego. Ni rastro del pelo. 

La parte buena es que aún conserva la vida, el alma y la cordura. Éste es el objeto maldito número 13. He hecho mi parte. Estoy salvada. Mañana le dejaré el diario a mi jefe sobre la mesa en cuanto se despiste.

Desenlace

Detectados errores de contenido en los objetos de 7 en adelante y de forma en el objeto 6.

Se procede a devorar el alma del sujeto. 

Procedimiento completado. 

Buscando nueva víctima… 


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